Murió María Nieves: glamour y elegancia al servicio del tango

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publicado en Página/12

La gran bailarina tenía 91 años

En sus piernas se sintetizaba el tango social y el de escenario, las veladas de los clubes de barrio de los años ’40 y el boom internacional en las tablas de París y Broadway. Con Juan Carlos Copes formó una pareja inolvidable.

Se la consideraba, por unanimidad, la mejor bailarina de tango que haya existido. María Nieves falleció este domingo por la mañana con 91 años, una historia de vida digna de película y un legado imperecedero. Ya en vida era reverenciada como una leyenda. En sus piernas se sintetizaba el tango social y el de escenario, las veladas de los clubes de barrio de los años ’40 y el boom internacional en las tablas de París y Broadway. Le destacaban su porte aristocrático y ella reivindicaba con picardía su condición de rea. En su honor, cada 6 de septiembre se celebra el Día de la bailarina de tango.

Pese al dolor generalizado que recorre al ambiente del tango, también queda la certeza de que se la reconoció a tiempo. Recibió decenas de homenajes. Al regreso de la pandemia, su figura fue central en dos finales del mundo con el Obelisco de fondo, cuando Tango BA estaba bajo la dirección de la ex campeona mundial de tango Natacha Poberaj. Recibió otros múltiples homenajes, como el del Salón Marabú, hace tres años. Y Ariel Prat junto a Adolfo Marino Ponti le dedicaron “Romance de María Nieves” para un ep en que los músicos celebraban el legado de los bailarines.

María Nieves Rego nació en 1934 en una familia dramáticamente pobre. Abandonó la escuela en cuarto grado y ya de niña se empleó como doméstica en distintas casas de Buenos Aires. En una entrevista con Moira Soto para la revista Damiselass en apuros, la bailarina recordaba situaciones de violencia familiar y el vínculo con su hermana, que empezó a llevarla a las milongas para distraerla, aun cuando todavía tenía prohibido bailar. La niña María era pequeña y con 10 años miraba, imitaba y practicaba pasos en un rincón. Años, hasta que por las puertas del club Atlanta entró un morocho pintón pero –por el momento- no particularmente hábil: Juan Carlos Copes.

María Nieves junto a Juan Carlos Copes (REDES SOCIALES)

El amor entre Nieves y Copes fue inmediato y muchos apuntan –con criterio- que ella debe haberle enseñado a bailar a él. Aún si todavía no podía salir formalmente a la pista, ella ya estaba en condiciones de bailar con cualquiera. Durante muchos años la pareja se volvió inseparable. Crecieron artísticamente. En una época en que bailar tango era el principal esparcimiento cultural de la juventud, ellos ya recorrían clubes y salones de barrio ofreciendo demostraciones. Hasta que un torneo de baile en el Luna Park los consagró campeones… morales. En rigor, la plaqueta “de oro, con los nombres ya inscriptos”, recordaba Nieves en alguna nota, se la entregaron a otra pareja. Pero la indignación del público fue tal que el baile de los campeones terminó siendo suyo y el público los sacó en andas del lugar. Ahí se volcaron al profesionalismo, algo que no estaba instalado como ahora.

Copes y Nieves transitaron muchas experiencias. Copes organizó el Conjunto Juvenil, con otras nueve parejas de milongueros, y la compañía llegó al Teatro Nacional. También trabajaron en el Tabarís y recorrieron América Latina a finales de la década del 50, hasta llegar a Estados Unidos. Allí bailaron en la tele en el mítico programa de Ed Sullivan y causaron tanta impresión que el entonces presidente Ronald Reagan los contrató para actuar en su cumpleaños.

Después, los años más difíciles. El tango en baja, para músicos y para bailarines. Hasta 1983 y una convocatoria providencial: Claudio Segovia invitó a Copes a organizar el espectáculo Tango Argentino, que iniciaría una suerte de tangomanía en todo el mundo, con semanas a sala llena en París primero, en Broadway luego. “Ya no era tan pendeja, andaba por los 50 y pico, recordaba”. Allí también la dupla Nieves-Copes era central. De esa etapa son algunos momentos icónicos de la dupla, como el número en que bailaban sobre una pequeña mesa de bar.

Aunque hoy el tango busca otras estéticas y atraviesa una enorme evolución técnica –tanto en el baile social como en el de escenario-, Nieves fue una de las figuras centrales que ayudan a cimentar el imaginario de glamour y elegancia asociado al género en, al menos, el último medio siglo.

En el medio vinieron las películas. De ficción, como Assassination Tango (2002, Robert Duvall). Documentales, como Un tango más (2015, Germán Kral), que retrató la vida de la pareja.

A mediados de los 90, sin embargo, la pareja se disolvió y sólo tuvieron juntos algunas presentaciones esporádicas. María nunca dejó de bailar. Si no fue con Juan Carlos, había sumado la compañía de figuras de la siguiente generación, como Pancho Martínez Pey, que la acompañó en la mayoría de sus últimas actuaciones y homenajes.

Hasta sus últimos días conservó el pelo cortito (aunque ya no usaba las mechitas sueltas a la altura del cuello que brillaban en su juventud). La elección le destacaba la sonrisa y su talante risueño, que la hacían infinitamente querida por la juventud tanguera. Organizadores de los campeonatos de baile de la Ciudad contaban que cuando María Nieves visitaba a los bailarines antes de la competencia, estos bailaban con más ahínco, inspirados por su mera palabra.

A María –había reconocido en una entrevista- esa admiración la alimentaba. La pibita de ocho años llena de carencias que había sido, que le ponía vestiditos improvisados a los sifones de soda y que barría al ritmo de D’Arienzo en la radio no podía pedir más que las muchas ovaciones del Luna Park que vivió a lo largo de sus 91 años.

Sobre sus propias virtudes, Nieves afirmaba que tenía “una tremenda oreja: durante un baile puede ser que tenga una laguna, que me equivoque, pero no me paralizo, retomo el ritmo sin problemas”. Sobre el proceso de profesionalización con Copes, ella le explicaba a Damiselas en apuros que sabía bien los aportes que había hecho a la dupla. “También debo decir que el carácter de Copes, tan estricto, me vino bien para convertirme en una profesional. Él era muy duro en los ensayos con los bailarines, no les dejaba pasar ni un bostezo. Y yo me volví extremadamente cumplidora, puntual, muy trabajadora”, reconocía.

Y sobre los últimos años, destacaba la creciente paridad entre hombres y mujeres. “En mi caso, los chicos hacen lo que yo les indico, los obligo a que me miren a los ojos. Me los como arriba del escenario, soy la dueña de la situación. Eso lo puedo hacer porque ha cambiado la mentalidad en el hombre y en la mujer. Algo muy positivo”.

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