En el marco de la jornada ¿Bailas? / Wanna Dance? en Sadler’s Wells East, los coreógrafos y bailarines Pablo Cortazzo y Anna Álvarez, directores artísticos del colectivo Tango Sur, presentaron una propuesta que tendió un puente entre el tango y la danza contemporánea. Con una duración aproximada de 45 minutos, la velada escénica reunió a destacados intérpretes del género en un formato que celebraba la riqueza expresiva del tango, desde su raíz tradicional hasta su diálogo con los lenguajes escénicos actuales.
Hay artistas que bailan y artistas que redefinen los límites de su disciplina. Pablo Cortazzo y Anna Álvarez pertenecen claramente a la segunda categoría. Con décadas de trayectoria a sus espaldas, ambos han dedicado su vida al tango, no solo como intérpretes, sino como creadores que entienden la danza como un lenguaje vivo en constante evolución. Su trabajo al frente de Tango Sur, el colectivo con base en el sur de Inglaterra y proyección internacional, los posiciona como figuras clave en el movimiento que lleva el tango argentino a los escenarios más importantes de la danza contemporánea.
Un puente entre dos mundos
La propuesta escénica presentada en The Dance Floor de Sadler’s Wells East fue concebida como un diálogo entre la tradición del tango y las exploraciones de la danza contemporánea.
Bajo la dirección artística de Álvarez y Cortazzo, la función reunió a un elenco de primer nivel: los bailarines David Chartoriski, Pablo Cortazzo, Hiba Faisal, Germain Cascales, Anna Álvarez, Carolina Giannini, Cristina Cortés, Hannah Beltram, Gabriela Solano, Maeve McGreevy, Emma Reyes, Rene Hellemons y Dani Gini, quienes ofrecieron un recorrido por las distintas facetas del tango escénico.
El punto culminante de la velada fue la presentación de Kueyen, un extracto de la nueva obra de danza-teatro de Anna Álvarez Compañía, que integra tango y danza contemporánea en una fusión audaz y poética.
La coreografía, creada en colaboración con Pablo Cortazzo, explora la intersección entre la musicalidad del tango y la libertad expresiva de la danza contemporánea, dando como resultado un lenguaje escénico propio que desafía las convenciones de ambos géneros.

La ejecución y la interacción de los elementos escénicos
La interpretación de los bailarines fue de una precisión y entrega notables. Cortazzo, con su presencia magnética y su dominio técnico, encarnó la esencia del tango tradicional, mientras que Álvarez aportó una dimensión contemporánea que enriquecía el diálogo coreográfico. Carolina Giannini y Cristina Cortés brillaron en los momentos más clásicos, con un juego de pies vertiginoso y una conexión palpable con sus parejas.
Hiba Faisal y Germain Cascales, por su parte, aportaron una energía contemporánea que subrayaba la versatilidad del elenco. David Chartoriski y Emma Reyes demostraron una maestría en la ejecución de las figuras escénicas, mientras que el resto del conjunto completaba una imagen de conjunto cohesionado y vibrante.
La musicalidad, elemento esencial en el tango, estuvo presente a través de la selección de los DJs Dani Gini y Tango Fever, que acompañaron las actuaciones con un criterio impecable, alternando ritmos tradicionales con arreglos más experimentales. El diseño de iluminación, adaptado al espacio íntimo de The Dance Floor, creó atmósferas que oscilaban entre la calidez de una milonga tradicional y la sobriedad de una sala de danza contemporánea.
Originalidad y contexto artístico
La originalidad de la propuesta residió en su capacidad para tender un puente entre dos tradiciones aparentemente distantes. El tango, con su abrazo y su caminar característico, encontró en la danza contemporánea un espejo donde reflejar nuevas posibilidades expresivas.
La obra Kueyen representa una apuesta por la hibridación de lenguajes, un desafío a las convenciones que aíslan al tango en un museo o lo reducen a una mera nostalgia. En este sentido, Cortazzo y Álvarez se inscriben en una línea de creadores que, como los pioneros del tango nuevo en los años 60, buscan expandir los límites del género sin perder su esencia.
El contexto de Sadler’s Wells, una de las instituciones más relevantes de la danza contemporánea en el mundo, otorga a esta propuesta una significación particular. No se trata de una presentación folclórica en un espacio exótico, sino de una obra que dialoga con las tendencias actuales de la danza, desde la abstracción coreográfica hasta la teatralidad narrativa. La presencia de Tango Sur en este escenario confirma el lugar del tango como una forma artística relevante y en plena efervescencia creativa.
Momentos clave y narrativa escénica
Entre los momentos más memorables de la función destacó la interacción entre Cortazzo y Álvarez en un dúo que resumía la tensión entre tradición e innovación.
La pareja, con una complicidad forjada por años de trabajo conjunto, ejecutó una secuencia que comenzaba con los pasos más clásicos del tango salón para derivar gradualmente hacia movimientos más expansivos y contemporáneos, rompiendo el abrazo y explorando el espacio de manera individual. Fue un instante que condensaba la tesis de la obra: el tango no es una forma cerrada, sino un lenguaje en permanente diálogo con su tiempo.
Otro momento destacado fue la interpretación de Hiba Faisal y Germain Cascales, cuya energía y frescura aportaron un contrapunto juvenil a la propuesta. Su ejecución, más cercana a la danza contemporánea en algunos pasajes, demostró la versatilidad del tango como matriz coreográfica para otras exploraciones. El extracto de Kueyen, con su atmósfera onírica y su fusión de lenguajes, se erigió como el corazón artístico de la velada, dejando al público con la sensación de haber asistido al nacimiento de un nuevo lenguaje escénico.

Recepción del público y valoración crítica
La recepción del público fue cálida y entusiasta. El espacio de The Dance Floor, con su proximidad entre intérpretes y espectadores, generó una intimidad que potenció la emoción de las actuaciones. Los asistentes, provenientes de distintos perfiles —desde aficionados al tango hasta seguidores de la danza contemporánea—, coincidieron en valorar la originalidad de la propuesta y la calidad de los intérpretes. La función cumplió con creces su objetivo de tender un puente entre dos mundos, demostrando que el tango no es una reliquia del pasado, sino una forma artística vibrante y en constante evolución.
En términos críticos, la propuesta de Cortazzo y Álvarez se sitúa en la vanguardia de la creación escénica en tango. Su apuesta por la hibridación con la danza contemporánea, lejos de diluir la identidad del género, la enriquece y la actualiza. Si acaso, el único desafío de la función fue su brevedad —apenas 45 minutos—, que dejó al público con ganas de más. La limitación del tiempo impidió un desarrollo más extenso de algunas de las ideas coreográficas, especialmente en el extracto de Kueyen, que sugería un universo más amplio que merecería una obra completa.
Valoración final
El trabajo de Pablo Cortazzo y Anna Álvarez en el marco de ¿Bailas? / Wanna Dance? confirma su lugar como creadores fundamentales en la escena contemporánea del tango. Su capacidad para tender puentes entre la tradición y la innovación, su rigor técnico y su sensibilidad artística los convierten en referentes de un tango que no teme mirar hacia el futuro.
La función en Sadler’s Wells East no fue solo una muestra de destreza, sino una declaración de principios: el tango es un lenguaje vivo, y su lugar está en los escenarios más exigentes del arte contemporáneo.




