Sacar el Petróleo

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Petroleo Tango

En el tango hay una costumbre cuanto menos curiosa: admirar a renovadores del género, pero insistir en aferrarse al pasado. Nadie discutiría que el aporte de Juan D’Arienzo abrió el camino para que el tango entrara en su década de oro. Nadie puede negar que Pugliese aportó mucho al sonido del género. Y en el ámbito de la danza, por ejemplo, se celebra el Día del Milonguero en honor a Carlos Alberto Estévez, más conocido como “Petróleo”, por su afición al vino.


El responsable

Lo curioso de Petróleo es que, lejos de ser un emblema de tradición, en su propio tiempo era un rupturista. Y ni siquiera era un bailarín profesional, como los que hoy nos resultan tan familiares en pistas, clases, milongas y mundiales. Petróleo era un empleado bancario –caballero y honesto a rajatabla, aseguran quienes lo trataron en ese ámbito¬-, pero cuando la persiana de la caja bajaba, lo obsesionaba una cosa: ser el mejor milonguero del mundo. Dio exhibiciones, sí (unas dos mil, estimaba él mismo aunque no se reconocía como profesional y a diferencia de otros de su época, no se iba de gira a París).

Según Miguel Ángel Zotto, Petróleo es responsable de que “hoy bailemos como lo hacemos”. Por un lado, legó a sus seguidores mucha información sobre la historia del tango hasta mediados de la década del 40 (y un poco más también).

Petróleo nació en 1911 y a los 17 años conoció al Negro Navarro, un bailarín conocido de la época, que le enseñó a bailar de verdad. Pero el nacido en el barrio porteño de Almagro no se conformó con eso.

Él quería más. En la revista del banco donde trabajaba –ahí el dato difiere, para algunos era el Banco Provincia, para otros era el Banco Ítalo-Belga -, escribía mensualmente artículos sobre tango danza. En esos artículos registraba los cambios que iba advirtiendo en las pistas de baile. Era un observador clínico de la milonga. Y seguía sin alcanzarle.

Petróleo fomentó encuentros en bares –como en el café “Febo», de Jonte y Segurola, en el barrio de Monte Castro, y clubes de barrio como el Club Social y Deportivo Nelson, donde los jóvenes de la época se juntaban a inventar y practicar sus propios pasos de tango. Zotto advierte que en esas prácticas “Petróleo creó y desarrolló los giros, enrosques, los arrastres, el contrafrente y los boleos, entre muchos otros movimientos, y determinó los cambios de posturas”. Con sus artículos y exploraciones abrió una nueva consciencia corporal.


“Al tango lo cambié yo”

Fue, en todos los sentidos del término, un rupturista. Un vanguardista, incluso. Curiosamente, tampoco le alcanzó. “Tendría que haber realizado más”, lamentó en una entrevista. “Mi sueño siempre fue bailar mejor que todos. Inventé muchas figuras, transformé el tango, pero tendría que haber realizado más. Me faltó inspiración para crear el tango verdadero”

De Petróleo se cita con frecuencia su entrevista en la revista cultural La Maga, una referencia de la Buenos Aires de comienzos de los ’90, cuando el tango recién empezaba a redescubrirse y los jóvenes anhelaban escuchar (y leer) la palabra de los maestros. Para entonces Petróleo ya cargaba 80 años de vino, apuestas de caballos y pistas trasnochadas. No bailaba más por una afección en las rodillas (que le habían aguantado hasta sus 76 años), pero tenía cosas para contar.

“Siempre me gustó el tango sencillo. Al baile del tango lo cambié yo. Yo inventé el giro, el contrafrente, cambiar de posturas, los boleos”, se arrogaba. También aseguraba haber “separado el sexo de la danza”, pues en la milonga no iba de levante (“a apretar”, decía), sino exclusivamente a bailar. Compañera de vida había tenido una (Esperanza Díaz) y cuando murió ella ya no quiso otra.

En esa entrevista Petróleo contó muchas cosas. Contó de milongas organizadas sobre lonas de ferrocarril, de baile a beneficio de ex convictos, de otros bailarines (“Cachafaz era bueno, pero hubo mejores”, ¡decía!) y hasta de Carlos Gardel (era “medio maleta” para bailar, juraba). Pero sobre todo, dejó una frase que aquí estaría bueno rescatar:

El tango es una emoción contenida que después explota. No se puede decir así se baila el tango, uno lo baila como lo siente, es una creación”.

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