Festival Tango + Tango 2026: el desafío de construir una escena para el tango contemporáneo

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Festival Tango + Tango. Hasta Trilce. Foto: Silvia Cirigliano
Festival Tango + Tango. Hasta Trilce. Foto: Silvia Cirigliano

Este jueves 4 de junio comienza en Hasta Trilce la tercera edición del Festival Tango + Tango. En apenas tres años, el festival logró convertirse en un punto de referencia para la creación contemporánea dentro del tango argentino, reuniendo a músicos, bailarines, coreógrafos y gestores en torno a una programación que se extenderá hasta el domingo 7 de junio.

Con conciertos, obras de danza y espacios de debate, la propuesta busca visibilizar nuevas producciones y promover el intercambio de ideas sobre el presente y el futuro del género.

Lejos de centrarse únicamente en la exhibición artística, Tango + Tango se ha propuesto construir un ámbito de encuentro entre músicos, bailarines, coreógrafos, gestores y públicos, impulsando nuevas producciones y promoviendo el intercambio de ideas sobre el presente y el futuro del género. Con una programación que combina conciertos, obras de danza y espacios de reflexión, el festival busca visibilizar las múltiples formas que adopta hoy el tango como lenguaje vivo y en transformación.

En un contexto especialmente desafiante para la cultura independiente, la tercera edición reafirma además una apuesta por la experimentación, el diálogo interdisciplinario y la construcción de comunidad. La presencia de creadores de distintas regiones del país y la continuidad de espacios como la Sección Vermú reflejan una preocupación que atraviesa al proyecto desde sus inicios: generar condiciones para que las nuevas voces del tango puedan encontrarse, debatir y proyectarse.

Con motivo del inicio del festival, Tango21 conversó con sus organizadores Andrea Bouhier, Pétalo Selser e Ignacio González Cano; sobre el recorrido de estas primeras tres ediciones, los desafíos de la gestión cultural independiente y las transformaciones que observan en la escena del tango contemporáneo.


Balance y construcción de escena

En la primera edición dijeron que Tango+Tango convocaba «por primera vez en la Argentina» a los nuevos creadores de música y danza en el tango. ¿Qué vacío concreto venían a llenar? ¿Qué creen que lograron construir que no existía antes?

Andrea Bouhier: El festival surge por la necesidad de generar espacios de reflexión, discusión y encuentro entre las distintas áreas artísticas (musica, danza, letras, etc.) y sus protagonistas. En el escenario y en la mesa del bar, se da un intercambio que no se da habitualmente, parar un poco la pelota para ver al otro y conocer como y por qué hace lo que hace también genera nuevas preguntas. Conocer a los que están en la misma búsqueda que uno también es motivador, sobre todo en tiempos donde la cultura es atacada de todas las formas posibles.

Ignacio Gonzalez Cano: Bueno, en el caso de la danza ha habido algunos festivales anteriores, como el Festival Cambalache, que hace ya muchos años dejó de existir. Y para los creadores del tango danza es determinante que haya un espacio como lo que ofrece el Festival Tango Más Tango, que es un espacio de laboratorio para dar lugar a nuevas miradas, a nuevos creadores, a nuevas voces.

Y es difícil para el tango danza alejarse de los estereotipos de los espacios regulares, del tango show, de las casas de tango. Y en ese sentido venía a proponer y a empoderar las miradas y los conceptos que tienen que ver con búsquedas quizá más íntimas y con búsquedas más propias, alejadas de estereotipos y conectadas con lo que el tango tiene para contar

Pétalo Selser: En la música veníamos a llenar un vacío de articulación real. Existían nichos, colectivos y ciclos hermosos, pero la música y la danza contemporáneas del tango funcionaban como islas paralelas. El músico componía para concierto y el bailarín coreografiaba sobre grabaciones de los años 40. Logramos construir un puente que no existía: un espacio horizontal donde el compositor vivo y el coreógrafo actual se sientan a discutir el pulso de la ciudad de hoy. Dejamos de ser voluntades aisladas para transformarnos en una escena consciente de su propio peso y de su época.

Foto: Felipe Diez / Calle Hidalgo Tango

¿Qué aspectos de la idea original del festival se fortalecieron con la experiencia y cuáles tuvieron que repensar o corregir?

Andrea Bouhier: En el hacer nos replanteamos permanentemente los tiempos y modos de convocatorias, el diálogo entre música y danza sigue siendo un desafío y los tiempos de cada creación son diferentes y vamos conociendo de a poco las necesidades de cada área. Este año pudimos encarar una convocatoria con mas anticipación que los años anteriores. Quizás para el próximo los tiempos sean distintos para cada área.

Ignacio Gonzalez Cano: Creo que desde el área danza uno de los aspectos más importantes tiene que ver con los tiempos de convocatoria, dar la posibilidad también a los nuevos creadores y creadoras a formular propuestas, formular obras.

Eso nos hizo repensar la fecha del festival y el tiempo de lanzamiento de las convocatorias.

Pétalo Selser: Desde el plano musical, lo que más se fortaleció fue la identidad de la grilla. Al principio uno arranca con la timidez de querer meter todo para no dejar a nadie afuera; hoy tenemos la certeza de que el público viene a buscar propuestas con una firma conceptual clara y una poética propia. Lo que tuvimos que repensar, y es un aprendizaje continuo, son las lógicas de los tiempos de producción.

La música se escribe y se ensaya en un escritorio o en una sala, pero cuando se cruza con la danza, los cuerpos necesitan otro tiempo de maduración y otra espacialidad. Entender que cada disciplina tiene su reloj biológico fue clave para corregir el diseño de las residencias y las convocatorias cruzadas.

Foto: Silvia Cirigliano
Foto: Silvia Cirigliano

Tres años después del lanzamiento del festival, ¿qué transformaciones observan en la producción, circulación o visibilidad del tango contemporáneo que quizás no eran tan evidentes en 2024?

Ignacio González Cano: Bueno, creo que evaluar una transformación profunda en tres años es complejo, porque el tiempo es aliado de las transformaciones. En ese sentido, lo que logro observar es que el festival vino a visibilizar y a dar espacio a voces y a creadores que de repente venían generando desde el independiente, pero que no tienen un lugar de confluencia.

Creo que de los últimos años a esta parte, desde la primera edición del festival a esta parte, se han ido sumando más voces, más creadores, y eso creo que tiene que ver con un contexto en general, pero también con el estímulo que el festival brindó.

Porque para un creador tener la posibilidad de contar con un escenario, con un espacio, con un marco, con un festival independiente, donde lo extraño no es condicionante, sino que es un poder, es una virtud. Creo que es importante.

​Pétalo Selser: Desde la música, en 2024 todavía veníamos arrastrando una inercia de postpandemia donde la urgencia era volver a tocar a como diera lugar.

Hoy, en 2026, veo una maduración identitaria tremenda. Hay una reapropiación del lenguaje rioplatense que dialoga de igual a igual con la música académica, el rock o el jazz, pero con una prepotencia de trabajo netamente tanguera.

En cuanto a la circulación, el panorama es complejo por el contexto nacional, pero eso mismo fortaleció los circuitos de asociativismo. Los grupos ya no esperan que los llamen: arman ciclos propios, se co-gestionan las fechas y el festival funciona como ese gran faro anual donde todas esas micro-escenas se encuentran y se potencian.

Tramazuarda - Foto: Felipe Diez
Foto: Felipe Diez / Tramazurda

Entre 2024 y 2026 el festival fue incorporando capas: en la segunda edición sumaron un equipo de curaduría específico para danza y en la tercera renombraron la sección de conciertos como «Conciertos Cromáticos» y la de charlas como «Sección Vermú». ¿Qué aprendizajes de cada edición empujaron esos cambios?

Andrea Bouhier: En realidad tuvimos desde el primer momento un equipo de curaduría específico tanto para danza como para música, aunque se han presentado de diferente forma. Y la denominación Conciertos Cromáticos y Sección Vermú corresponden a todas las ediciones. Se trabajó desde un primer momento con la idea de acercar a profesionales de destacada trayectoria.

Ignacio González Cano: Al menos desde la danza, es habitual, es común dentro de los espacios más oficiales o menos oficiales o independientes de la danza contar con curadores. En ese sentido, siempre hemos contado con un grupo de cinco o seis curadores para tratar de multiplicar las miradas y de que sea lo más diverso y amplio posible.

Foto: Naïde Lancieaux

La sección de palabras de 2026 incorpora un panel sobre «Tango Federal» con creadores de distintas provincias. ¿Es una respuesta a algo que el festival vio como ausencia o deuda en sus primeras dos ediciones?

​Pétalo Selser: Totalmente, y más que una deuda, lo tomamos como una responsabilidad estética y política. El tango suele pecar de un centralismo porteño muy agudo, pero la realidad es que en las provincias están pasando cosas fascinantes.

Hay cruces estilísticos, tonadas y problemáticas locales que enriquecen al género y lo sacan de la postal de exportación de Buenos Aires. Traer esa discusión a la mesa y cruzar las experiencias de gestión de diferentes puntos del país no es solo «dar espacio», es enriquecernos nosotros. La identidad del tango del siglo XXI o es federal, o va a quedar incompleta.


En la primera edición la «Danza en la Caja Negra» era la única instancia de danza escénica. En 2026 se presentan siete obras en un solo día, con creadores de Buenos Aires y San Juan. ¿Qué cambió en la demanda del campo de la danza-tango o en la capacidad del festival para convocarla?

Andrea Bouhier: Eso no es correcto, en todas las ediciones la «Caja negra» fue una denominación común para integrar en un sólo espectáculo varias obras cortas. Este año hay solo una caja negra, pero la danza estuvo presente el primer año con 8 obras en dos cajas negras y el segundo con 5 obras en una caja negra y una obra performática que se realizó en el bar de Hasta Trilce. También en la Sección Vermú se hicieron mesas alrededor de las siguientes preguntas “¿Tango para quien? El tango escénico y el enigma del público”.

Ignacio González Cano: En realidad, tal como dice Andrea, desde el primer festival la danza se pensó como un espacio para obras en proceso, para work in progress o síntesis de obras más completas y pensar en cohesionar a un público que pueda venir a ver dentro de una programación de una hora y media, una hora cuarenta de espectáculo, permite que se crucen las miradas y permite que el público pueda participar, ser convocado dentro de un mismo espacio a una función mixta, a una función múltiple.

La primera edición tuvimos dos Cajas Negras y como experiencia para la segunda y en este caso tercera edición decidimos hacer una sola Caja Negra para poder tratar de condensar aquellas propuestas a las que los curadores ven mayor solidez y eso nos permite una afluencia de público más completa, más concreta, contar con una sala más completa para el momento de la presentación.

Foto: Silvia Cirigliano

Curaduría

El concepto de «nuevo» suele ser problemático en el tango. ¿Qué significa para ustedes la creación contemporánea dentro de un género tan atravesado por su propia tradición?

Ignacio González Cano: Es cierto, el tango está atravesado por varios aspectos tradicionalistas, al menos desde la mirada mía como responsable del área de danza, la tradición es una palabra peligrosa porque tiende a cristalizar algunos lenguajes y precisamente por ser un lenguaje, un género vivo, esta idea de nuevo tiene que ver con todo aquello que está pasando en el de aquí y el ahora, nos gusta pensar en lo contemporáneo, nos gusta pensar en esta idea de que el tango nuevo es el tango que se hace aquí y ahora, que no deja por fuera aspectos tradicionales, ni deja por fuera el legado ni el derrotero evolutivo del tango, sino que suma, amplía y abre el juego a nuevas fusiones y nuevas búsquedas.

​Pétalo Selser: El tango es un lenguaje vivo, una esponja de la realidad urbana. Si el tango de los años 40 sonaba de esa manera era porque la ciudad caminaba a ese ritmo.

Hoy nuestro pulso urbano es otro: es más caótico, más fragmentado, atravesado por la tecnología y otras urgencias sociales. Hacer tango hoy es animarse a escribir con la tinta de tu propia época. Estudiamos a los clásicos, analizamos a Troilo, a Pugliese, a Salgán, pero para entender los mecanismos de su genialidad, no para fotocopiarlos.

Pétalo Selser

¿Cuáles son las búsquedas artísticas que más les interesan del tango actual y que intentan reflejar en la curaduría?

Ignacio González Cano: En el caso de la danza, lo que más nos interesa del tango actual tiene que ver con el entrecruzamiento, con esta hibridez que es tan originaria del tango.

El tango nace como un lenguaje producto de la hibridación y sigue siendo atravesado por la hibridación. En el momento en que lo cristalizamos, lo encerramos y dejamos de prestar atención a otros lenguajes, a otras músicas, a otras problemáticas, a otros temas, a otros impulsos motores, nos vemos condenados a cristalizar y la idea es abrir más y más; y en ese sentido es que la curaduría pone una fuerte impronta en apostar a aquellos que asumen riesgos.

​Pétalo Selser: Especialmente las propuestas que arriesgan en la tímbrica y en el desarrollo de la forma, los grupos que se animan a texturas complejas, al contraste y a una narrativa propia. Buscamos agrupaciones que tengan una voz clara, ya sea desde un formato de cámara, una orquesta típica que se planta con repertorio 100% original, o un set solista.

En la curaduría musical de Tango+Tango intentamos que la grilla sea un muestrario de esa diversidad: que convivan la densidad conceptual, la experimentación y esa mugre sagrada del tango que nunca se tiene que perder. También buscamos incluir más propuestas que hagan base por fuera de Buenos Aires.

Foto: Amalia Fischbein
Foto: Amalia Fischbein

En un campo cultural donde muchas veces los artistas coinciden en los escenarios pero no necesariamente en espacios de discusión, ¿qué rol cumple hoy la Sección Vermú dentro de la construcción de una escena de tango contemporáneo?

Ignacio González Cano: La sección Vermú cumple un rol muy importante, un rol para la palabra, para la reflexión, para el intercambio, para la profundización y para el entendimiento también entre los diferentes hacedores del tango y el entrecruzamiento entre pensadores, músicos, coreógrafos, directores, entendiendo al tango como un universo vasto y como un universo que necesariamente necesita de la escucha de todas las partes para entenderse como un todo.

​Pétalo Selser: Es el corazón conceptual del festival. En el camarín o en el cruce rápido de un festival común, solo te saludás y te deseás buen show. La Sección Vermú te obliga a bajarte del instrumento, a sentarte a escuchar al colega y a ponerle palabras a la práctica. Discutir sobre cómo enseñamos el tango, cómo lo financiamos, cómo dialoga la partitura con el cuerpo del bailarín… todo eso construye teoría performática.

El tango contemporáneo necesita sus propios teóricos y sus propios espacios de debate para no quedar diluido. La Sección Vermú es ese living horizontal donde nos damos cuenta de que los problemas del de la danza son primos hermanos de los problemas del de la música.

Foto: Naïde Lancieaux


¿Hubo alguna discusión o diagnóstico surgido en las ediciones anteriores que los haya sorprendido o que incluso haya influido en las decisiones curatoriales del festival?

​Pétalo Selser: Sí, justamente la tensión histórica entre la música para escuchar y la música para bailar. Nos dimos cuenta de que no podíamos seguir programando en compartimentos estancos. La curaduría de este año profundizó ese puente: provocar que la música actual sea el motor de la nueva danza, y viceversa.


Gestión y públicos

¿Cuáles son hoy los principales desafíos para sostener un festival independiente dedicado a la creación contemporánea?

Andrea Bouhier: Unos de los principales desafíos es el económico. Conseguir financiamiento, sponsor, difusión, son todas tareas en las que tenemos mucho pendiente de resolver. Lo demás, mientras haya un equipo que cree en lo que hace y un espacio cultural como Hasta Trilce que abraza este tipo de propuestas, se resuelve con trabajo a destajo. Eso a mediano plazo se convierte también en una gran dificultad, pero por el momento pensamos seguir dando pelea.

Ignacio González Cano: Bueno, uno de ellos tiene que ver con el desafío económico, claramente, conseguir líneas de financiamiento, el sponsoreo, es muy complejo. Hasta Trilce pone toda su producción, todo su espacio, toda la impronta también que tiene Hasta Trilce en relación al arte independiente, al teatro y a la danza independiente, al arte popular, pero lo más complejo sin dudas tiene que ver con eso.

Este festival, hasta el día de hoy, sigue siendo un gesto movido por el deseo, el deseo profundo ante una necesidad concreta que observamos, que es dar mayor visibilidad al sector de los hacedores del tango.

Ignacio González Cano

​Pétalo Selser: Coincido con Andrea en que lo económico es una trinchera diaria, pero artísticamente el gran reto es no perder la audacia frente a la urgencia de la supervivencia.

Cuando los recursos escasean, la tentación es ir a lo seguro. Sostener este festival implica resistir ahí: seguir apostando al riesgo, a lenguajes que incomodan y que no se apoyan en la nostalgia.

El otro desafío es la disputa por el público; lograr que la propuesta sea accesible y derribar el prejuicio de que «lo nuevo es difícil». Cuidar el bolsillo de la gente sin precarizar el trabajo de los artistas es el malabarismo constante de la gestión independiente.


¿Creen que hoy existen suficientes instancias de encuentro entre músicos, bailarines, gestores y productores del tango contemporáneo?

Ignacio González Cano: No, no existen suficientes instancias, deberían haber más instancias; creo que es una deuda que tienen los diferentes espacios, tanto públicos como privados.

El tango tiende a sectorizarse, aparece la pregunta, ¿qué es el tango? ¿Una música, una danza, un pensamiento?. Bueno, es todo, entonces tratar de apostar a ese lugar de encuentro, creo que ahí está el valor agregado de Tango Más Tango.

Ignacio González Cano

​Pétalo Selser: Nunca son suficientes, pero por suerte están creciendo. Históricamente el tango se dividió entre «el circuito de milonga» y «el circuito de concierto», y esa brecha le hizo mucho daño al género.

Festivales independientes como este, o el trabajo de colectivos hermanos, están rompiendo ese gueto. Falta articulación institucional, faltan políticas públicas que entiendan que el tango contemporáneo es patrimonio vivo y no un souvenir para turistas. Mientras tanto, nos encontramos en la trinchera de la autogestión.

Foto: Amalia Fischbein

¿Quiénes son hoy los públicos de Tango+Tango? ¿Encontraron perfiles distintos a los públicos tradicionales del tango o una convivencia entre generaciones y recorridos diferentes?

Ignacio González Cano: El público de Tango Más Tango, por el momento es un público bastante de nicho, pero la idea del festival es abrir hacia nuevos públicos, cruzar los públicos, pensar más en un público del tango, del arte en general, y no pensar en un público de tango danza, de tango música, sino tratar de generar un gran público, llegar a más personas.

​Pétalo Selser: Es una convivencia hermosa y muy heterogénea. Por un lado, tenés al público melómano y tanguero de ley que viene a ver «en qué anda» la nueva generación; por otro, hay un público joven que viene del rock, de la música académica o del circuito alternativo de Buenos Aires que encuentra en Trilce una potencia estética que no ve en otros lados.

No es un público pasivo: es una platea que escucha con atención absoluta en los Conciertos Cromáticos y que después se queda a tomar algo y a debatir en el bar. Logramos romper el mito de que el tango nuevo es solo para entendidos.


Foto: Camila Ditarcio

Después de tres ediciones, ¿qué significa hoy para ustedes «hacer tango más tango»?

Ignacio González Cano: Hoy, después de tres ediciones, hacer Tango Más Tango significa seguir apostando, seguir creyendo en la primera idea, en el primer impulso que tuvimos para construir el festival, seguir creyendo en eso, creer en el acompañamiento y darnos cuenta que lo que hicimos fue visibilizar una necesidad, o sea, darle palabra, forma y tiempo y un espacio a algo que faltaba.

Por eso seguimos haciendo Tango Más Tango, estamos movidos por el deseo y por los sueños de pensar en cuestiones identitarias, de pensar en el tango como un lenguaje completo y como una expresión artística y popular que sigue siendo reflejo de nuestra sociedad.

​Pétalo Selser: Para mí, «hacer más tango» es un acto de resistencia y de fe absoluta en nuestra cultura. Significa no achicarse frente al contexto adverso, seguir apostando a la belleza, a la complejidad y al encuentro colectivo.

Es abrir la cancha para que entren nuevas voces, cruzar los lenguajes para que exploten cosas nuevas y, sobre todo, seguir demostrando que el tango no es pasado, es presente continuo.

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