El tango electrónico como práctica viva
Buenos Aires se prepara para un pequeño pero simbólico aniversario: el Festival Electrotango celebra su quinta edición. Serán tres noches en el Espacio Woki Toki, en San Telmo, con una programación que acerca como pocas la escena y la pista. Las fechas y la dramaturgia están definidas: del viernes 6 al domingo 8 de febrero de 2026.
Quien conoce esta locación sabe que allí escenario, barra, patio y pista comparten una misma aura. El lugar invita no solo a bailar y escuchar, sino también a responder, encontrarse, relajarse y absorber nuevas impresiones.
Qué distingue a este festival
Desde su estreno, el festival pasó de ser un intento audaz a convertirse en un punto fijo del calendario del Tango Siglo XXI. La edición actual mantiene su arquitectura: shows nocturnos, DJ sets y performances, acompañados por talleres que no se agotan por la tarde, sino que funcionan como laboratorios de prueba para la noche.
La proximidad entre la formación y la función no es casualidad, sino una declaración. Quien durante el día explora diversidad de roles, interpretación o improvisación, puede llevar lo aprendido a la pista esa misma noche.
Así se arma un circuito de observar, probar y afinar.
El festival se consolidó como un espacio donde el Electrotango es experiencia estética contemporánea del tango en amplitud y en profundidad, y donde también se presentan otras estéticas modernas, por ejemplo en la danza.

Lo que el festival produjo
Desde el principio, las metas de la organización fueron claras: aumentar la visibilidad, abrir espacios y multiplicar oportunidades de presentación para bandas, DJs y bailarines, y para un público curioso.
Mirando hacia atrás, todo eso se logró. Hoy el Electrotango se percibe como un subgénero propio, con una entramado que combina setups híbridos, loops, samples, drum programming e instrumentación en vivo.
Pero sobre todo, la práctica del festival impulsó una mayor vocación experimental en el ecosistema del tango. Músicos de contextos más tradicionales se animan a proyectos paralelos, grupos como Ultratango vuelven a activarse, y en la pista se ensancha el abanico estilístico.
Fer Bietti resume el impacto con una imagen que define al festival: “Para muchxs fue un laboratorio en condiciones reales. Se probaron cosas nuevas, se presentaron ideas frescas y la resonancia se extendió durante semanas”.
Para él, el festival construye identidad y marca el regreso de un subgénero que estuvo subestimado y que ahora gana presencia en escenarios y pistas.

La opinión pública también registró ese giro: crónicas, playlists y redes sacaron al Electrotango del nicho para instalarlo como una forma vigente del tango. Tanghetto, de hecho, recibió el Latin Grammy 2025 al mejor álbum de tango: ¡felicitaciones, Tanghetto! ¡Felicitaciones, Electrotango!
Fran Borra va a la raíz estratégica y explica por qué hacía falta este formato: “En Buenos Aires nos faltaba un espacio donde las sonoridades contemporáneas del tango y la danza sucedan al mismo tiempo, y donde la danza tenga que escuchar”.
Se trata de ámbitos en los que improvisación y escucha puedan florecer, y donde influencias externas —desde la danza contemporánea y el contact hasta el hip-hop— no aparezcan como adorno, sino como parte integral de la experiencia.
El festival, dice Borra, es la continuidad lógica de años de trabajo en un micromundo de Electrotango que no se deja encasillar ni en “nuevas tendencias” ni en “orquestas milongueras”. En esta perspectiva, el festival funciona a la vez como vidriera y como taller.

Integración de música, poesía y danza: una misma onda
Quien vive estas noches percibe enseguida que el festival es mucho más que un programa musical. La milonga no es un agregado; es la segunda columna de la dramaturgia.
Entre conciertos y DJ sets, los talleres expanden la mirada: diversidad de roles, expresión corporal, improvisación y una lectura contemporánea de las señales musicales se ponen en el centro.
Los contenidos no solo se muestran: se conjugan en la pista. Esa cercanía entre enseñanza, escucha y baile crea un entorno de aprendizaje que muchas veces no aparece en currículas más conservadoras.
“Queríamos la misma sintonía para escenario y pista: música urbana y nuevas tendencias del tango en el baile, sucediendo juntas”, afirma Fran Borra.
Esta integración se refleja en la dinámica social de la milonga: un trato más flexible con las tandas, una apertura visible de los códigos y un mayor espacio para bailes en solo y parejas del mismo género.
Desde afuera podría parecer un quiebre, pero visto de cerca es una vuelta a las raíces improvisatorias que, en el siglo XX, muchas veces se transformaron en rutina coreográfica. También la poesía encuentra su lugar: recitados e intervenciones textuales desplazan por momentos el foco de la figura al oído, y fortalecen ese diálogo donde el baile escucha primero y responde después.

Fricción con la tradición y avance en el siglo XXI
El tango estuvo vivo cada vez que produjo resistencia.
Fer Bietti lo dice sin vueltas: “El tango es relevante cuando provoca, cuando se roza con la tradición y se desarrolla”.
La revolución de Piazzolla fue resistida al comienzo y luego marcó generaciones. En el siglo XXI el cambio avanzó de forma más amplia y más lenta. No hubo “un nuevo Piazzolla”, sino muchos proyectos, orquestas y colectivos que hicieron productiva la dialéctica entre respeto y renovación.
Fue especialmente fértil la relectura del legado de Pugliese, que hoy sobrevive en la energía, la fraseo y la afilación rítmica.
En paralelo, la taller de sonido se abrió. “Vivimos en un paisaje sonoro urbano; ignorar eso sería perder un recurso”, dice Fran Borra.
Los sintetizadores y las computadoras musicales no son pura pirotecnia, sino herramientas para articular el pulso del tango en clave contemporánea. Lo decisivo es que el fraseo, la síncopa y el marcato a tierra no se pierdan, sino que se recontextualicen.
De ahí la fórmula del festival: no “tradicional o electrónico”, sino “tango + presente”. En ese sentido, la quinta edición vuelve a invitar colaboraciones híbridas: músicxs formadxs en la tradición comparten el escenario con acts de Electrotango —como lo mostrará en 2026 la presentación del dúo Minondi y Furno—; se prueban arreglos en tiempo real y la improvisación se vuelve competencia visible, tanto en el escenario como en la pista.

Mirada hacia adelante: un género urbano que le pertenece al mundo
La quinta edición muestra cómo Buenos Aires también encuentra forma como plataforma de prácticas modernas del tango. En todo el mundo hay escenarios potentes e innovadores para el tango moderno, el neotango y el alternativo; Buenos Aires tal vez no sea hoy el único motor ni el pionero.
Sin embargo, muchas innovaciones musicales siguen naciendo en la densidad cultural del tango en Argentina, y los espacios de la diáspora están fuertemente marcados por artistas argentinos. En ese mapa, el Festival Electrotango ofrece en Buenos Aires un hotspot de innovación y de capacidades innovadoras que se gestan aquí y se proyectan hacia el mundo.
Le da a la escena moderna, especialmente al Electrotango, un punto de reunión y referencia que impacta en la comunidad tanguera argentina e internacional y contribuye de manera decisiva a la identidad del tango contemporáneo. Así, el festival se volvió reunión de familia y hub de innovación al mismo tiempo.
Quien quiera vivirlo tiene la próxima cita del 6 al 8 de febrero de 2026 en San Telmo: Woki Toki como dirección, line-up y talleres como propuesta, y la pista como banco de pruebas.
Nos vemos en la pista.
Programa de los tres días, más detalles y link de entradas: www.festivalelectrotango.com





