La Orquesta Invisible presenta «Huella» su disco debut

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Julio Coviello - Orquesta Invisible - Foro: Cari Aime
Julio Coviello - Orquesta Invisible - Foro: Cari Aime

Desde hace más de dos décadas, la escena del tango contemporáneo convive con una paradoja persistente: mientras las condiciones materiales para sostener una orquesta típica son cada vez más adversas, nuevas generaciones de músicos siguen eligiendo esa formación como espacio de búsqueda artística, identidad y encuentro colectivo. En ese cruce entre deseo y resistencia aparece Julio Coviello con la Orquesta Invisible.

El grupo presentará Huella, su disco debut, el próximo 30 de mayo en el Palacio Libertad. El álbum condensa un año de trabajo colectivo atravesado por la composición compartida, la construcción de una identidad sonora propia y una idea de comunidad que excede lo estrictamente musical.

En esta conversación con tango21.info, Coviello habla sobre el desafío de sostener una orquesta típica en 2026, las tensiones de la autoría colectiva, la marca que dejó su paso por el Cuarteto Cedrón y la necesidad de construir, todavía, espacios donde el tango pueda seguir ocurriendo desde el encuentro y no desde la lógica de la rentabilidad inmediata.



La Orquesta Invisible surge en un contexto donde sostener formaciones grandes parece ir a contramano de las lógicas actuales de producción musical. ¿Qué condiciones hicieron posible este proyecto hoy, y en qué medida también es una forma de resistencia frente a ese escenario?


El contexto histórico es que hace más de 60 años que es difícil armar una orquesta típica. Al mismo Aníbal Troilo, en vida, le costaba mantener la orquesta trabajando, y armó su cuarteto típico. A principios de siglo, en el año 2000, nosotros, muchos músicos y músicas, empezamos a cultivar esta formación numerosa, más de 10 músicos y músicas, por una vocación y por una decisión artística.

Y empezó a ser posible por razones artísticas, por otras motivaciones que no son las económicas. Hoy en día, después de 25, 26 años de ese principio de siglo, de ese resurgimiento del tango en nuevas generaciones que no vivieron la época masiva.

En este 2026, tantos años después, el clima para armar una orquesta típica, el contexto artístico es mucho más rico, hay más músicos y músicas formados, con experiencia, y, realmente, el contexto es muy propicio para armar una orquesta típica. Sigue siendo muy duro, si uno lo analiza desde el punto de vista económico, y yo creo que analizándolo desde ese punto es más duro que nunca.

Pero como en la ecuación artística no pesan tanto las razones económicas, es que es posible que hoy en día, en el 2026, estemos presentando un disco nuevo con la Orquesta Invisible. ¿Cómo es posible? Bueno, primero que nada, por la voluntad y el deseo de que así sea, la voluntad y el deseo de los músicos y las músicas que me acompañan.

Y también es posible, materialmente, por los trabajos que cada uno de nosotros está haciendo por fuera de la orquesta, y también es posible por el lugar que tenemos como morada, que es nuestro centro cultural, La Tierra Invisible. Eso hace posible que tengamos un lugar de actuación una vez por mes, el segundo sábado de cada mes, y que, a partir de de ese lugar propio, nos proyectemos.


Construir una identidad sonora desde la diversidad

La orquesta mezcla músicos de la Fernández Fierro, de Ciudad Baigón, de orquestas sinfónicas y de la orquesta escuela Emilio Balcarce. Esas trayectorias implican múltiples miradas sobre el tango. Toda orquesta tiene una estética e identidad. ¿Cómo es el proceso de construir un estilo colectivo? ¿Cómo se construye una identidad sonora propia a partir de esa diversidad, y en qué momento sentís que la orquesta empieza a reconocerse a sí misma?

La pregunta es, ¿cómo construir una identidad con orígenes tan diversos? Y la respuesta es que es la especialidad en Argentina. ¿Cómo cómo construimos una identidad a partir de españoles, de italianos, de alemanes, de sirios, de de judíos, de pueblos originarios? Y un poco la respuesta argentina es abrazarse en la diferencia, y la diferencia no es algo que nos enfrenta, sino que es algo que nos complementa. Entonces, cada uno se expresa, aporta su manera de ser, su manera de pensar, y compartimos el tiempo y compartimos el espacio, ¿no?

Todas las semanas nos juntamos a ensayar, largas horas, una vez por mes actuamos en La Tierra Invisible, y todo eso nos hermana y nos hace tirar para un mismo lado. Y ese compartir y ese y esa manera de trabajar, resaltando la característica de cada integrante, nos da la identidad, una identidad muy propia de nuestra tierra.


Composición colectiva y nuevas formas de autoría


El disco incluye composiciones colectivas. En tu nota anterior para tango21.info mencionaste que el repertorio solitario puede volverse monótono. Ahora que lo viviste en el proceso de grabación. En la práctica, ¿qué tensiones y qué hallazgos aparecen cuando la autoría se vuelve colectiva? ¿Qué cosas no hubieran existido si las piezas las escribías solo?

Sí, el proceso de coautoría es un proceso interesante, porque implica, en algún punto, crear algo y compartirlo con los demás, y que los demás empiecen a darle forma. Y la forma que puede proponer o otra persona, o la forma que el material, que las melodías, que los contracantos pueden tomar en la mente de otra persona, muchas veces es distinta a al desarrollo que el que la generó en el origen se imaginó, ¿no? Pero el ejercicio es tener esa flexibilidad de crear una melodía, y que, en el momento en que llega el oído de otro, tome otra forma.

El proceso este de coautoría, cuando es entre toda la orquesta, entre los 10 y y se trabaja dentro del ensayo, es más sencillo en ese en ese aspecto, porque es un poco un tema de todos.

Y cuando se escribe entre 2 personas, es mitad y mitad, es como criar a una criatura, ¿no? Y que, ¿de quién es? ¿A quién querés más? ¿A papá o a mamá? Pero la humanidad sigue criándose y generando buenas personas, así que tomamos ese ejemplo para crear composiciones que muchas veces se originan en una persona, y después la propuesta que hago desde la dirección y desde la coautoría es complementaria, que si alguna música en el origen, la primera parte es alegre, en la segunda se complemente con cierta melancolía, o si es algo muy desarrollado, en la segunda parte sea más sencillo, más cantabile.

Y ese recurso compositivo, que en realidad es un recurso muy bueno para lograr más equilibrios, muchas veces llama la atención para quién que compuso un tema bravío y, de repente, en la segunda mitad aparece la dulzura.

En síntesis, lo que más me preocupa como director de de la orquesta es conseguir la diversidad. Me preocupa más que conseguir la unidad, porque yo considero que la unidad de estilo, la unidad de estética, la tenemos por ser y por estar aquí, en Buenos Aires, en el 2026.


Nunca me hubiese imaginado hacer un candombe. Los escucho, pero no era una idea a priori. Después, en “Centenera”, yo tenía una secuencia armónica de de un tango que me gusta mucho, y la compartí para que le agreguen una melodía, sin decirle a la orquesta de qué tango era. Y yo no podía ponerle una melodía porque tenía en el oído el tangazo que usa esa misma armonía, y ahí, entre Santiago y Alex Valdez, escribieron una melodía que después modifiqué, al principio.

Esas cositas son las que las que se van creando. Las armonías muchas veces, se las pido a Patricia Szilagyi porque es pianista, y tengo ese preconcepto de que los pianistas y las pianistas tienen todos los acordes del mundo, y la modulación del candombe “Clave blanca” que se va a un tono lejano, que empieza a vagar por acordes y más acordes, esa moderación la pensó, le escribió Patricia.


Cómo se construyó “Huella”, el disco debut


La ficha técnica muestra once temas en un disco debut. ¿Hubo material que quedó afuera, y qué criterio usaste para definir qué era Huella y qué no?

La orquesta debutó el 25 de mayo del 2025, y para diciembre de ese año teníamos 11 temas que habíamos ensayado, que habíamos presentado mes a mes en La Tierra Invisible, y esos 11 temas, todos, los fuimos a grabar, ahí, a Doctor F, todos los temas que grabamos los presentamos en vivo, así que ese es el proceso.

Los primeros temas fueron recopilados de mis 20 años de compositor, un poco más de 20 años, y y los últimos tres temas fueron cosecha 2025, con, en coautoría con la orquesta y con Rodrigo Almonacid.


La influencia del Cuarteto Cedrón en Julio Coviello

Mencionaste al Cuarteto Cedrón varias veces como formación clave. Cuatro años con el Tata Cedrón. ¿Qué decisiones estéticas actuales —en el sonido, en el fraseo o incluso en el repertorio— sentís que vienen directamente de esa experiencia?

Un par de años después de estar en la Fernández Fierro, donde estuve desde el 2002 al 2014, entré en el Cuarteto Cedrón. El Tata Cedrón me llamó por 3 meses, en el año 2018, y me quedé durante 4 años. Y lo menciono siempre porque es una referencia ineludible.

Aprendí un montón a trabajar en los ensayos, a buscar lo que no está escrito en la partitura y hacerlo sonar, a ser flexible y a permitir que cada integrante del grupo aporte una interpretación de la partitura que estaba escrita, y también, la idea de de tener muy presente siempre la melodía y que no puede faltar la melodía, es algo que uno siempre lo tiene presente, intenta alcanzar esa maravilla que es la melodía.


La Tierra Invisible: música, gestión cultural y comunidad

La orquesta ensaya en La Tierra Invisible, un espacio que vos también gestionás. Mariano Burnengo lo llama «nuestra trinchera». ¿Qué significa para vos tener un espacio propio en términos artísticos y también como gestor cultural?

Como te decía antes, tener un lugar propio hace posible tener la orquesta típica, así que es algo maravilloso. Tener el lugar donde ensayar, tener un lugar donde poder convocar al público y encontrarse, ofrecerle el contexto que nosotros consideramos más apropiado para compartir la música con el público. Esas cosas son lo que te permite tener un lugar propio. Así que es muy importante, es durísimo, es difícil, pero sarna con gusto no pica.


La tapa de “Huella”: dejar una marca en la ciudad

La tapa del disco es una baldosa de hormigón armado construida físicamente por integrantes y amigos de la orquesta. La huella en el asfalto, escrita con un palito, remite al arrabal y a la infancia al mismo tiempo. ¿Esa ambigüedad fue buscada, o fue una feliz consecuencia de la propuesta de Dema? ¿qué buscaban con ese gesto?

Lo que buscamos con la Orquesta Invisible es dejar una huella, dejar un testimonio de nuestro paso por esta maravillosa historia del tango. Entonces, cuando Mariano Burnengo propuso el nombre huella, a mí me encantó la idea. Trajo una milonga de Atahualpa Yupanqui, que tenía unos versos que hablaba de la huella, de tanto ir y venir.

Y y el problema que teníamos, es que somos una orquesta de tango, y si ponés un disco que se llama “huella”, parece que vamos a tocar zambas, chancareras. Y con ese problema yo pensaba, bueno, hagamos una etapa que se note realmente que es un disco de tango.


Y le pregunté a Dema, a ver cómo se le ocurría hacer una tapa que te dé la sensación de que estás en una ciudad. Y unos 15 días después que le pregunté por teléfono, nos cruzamos, nos vimos en vivo, y me dijo, con un montón de gestos, así como es Dema, “Julito, lo que tenés que hacer es con una huella en el hormigón, en el asfalto, agarrar, y con un palito hacer una huella y escribir el nombre de la orquesta. Esa es la tapa”.

Y si te remite a arrabal, a infancia, es un arrabal con hormigón, ya no es un arrabal de calle de barro o esas cosas que muchas veces se escribieron en los tangos. Y es la idea que queremos marcar dónde estamos, que es en la ciudad, y muchas veces cuando vemos un hormigón fresco nos dan ganas de nos dan ganas de marcar nuestro paso por ahí.


A los 40, seguir haciendo arte es perseverar

Con más de veinte años de recorrido, docencia y gestión, ¿qué cosas hoy elegís no hacer más? ¿Qué decisiones sentís que definen tu presente artístico?

Con más de 20 años de recorrido, de docencia y gestión, y con 42 años ya gastados, hay cosas que intento evitar, pero no por arrepentirme de haberlas hecho, sino como cerrar un ciclo. No es que durante toda la vida uno tiene que hacer lo mismo todo el tiempo y repetirse como si el tiempo no pasara.

Lo que lo que estoy evitando es participar de muchas cosas a la vez, como hacía a finales de la década del 10, que tenía muchos grupos con mucha gente distinta, que con propuestas artísticas diferentes, con personas que tenían su parecer y guiaban.

Ya, en esta etapa, reduje estas experiencias a tres cosas, ¿no? Que es el repertorio solista que hago de solos de bandoneón, el repertorio que hago con Tango Cañón con mi hermano Nicolás Di Lorenzo, que ahí es un mano a mano maravilloso, y la orquesta que dirijo y que y que lo que lo que busca es aunar voluntades y generar algo en colectivo.

Y en mi presente artístico la decisión de perseverar es lo que lo que me define, ¿no? Porque uno puede decidir hacer arte y ser artista a los 20, y mantener esa acción a los 30. Y si uno llega a los 40 y sigue haciendo arte es porque es perseverante. Así que esa característica está, son valiosos todos los que quienes hacen e hicieron arte, y y quienes llegamos a los 40 haciendo arte, somos perseverantes, mínimo, mínimo que somos perseverantes.


Qué huella quiere dejar la Orquesta Invisible


Huella implica que algo quedó marcado. ¿En quién o en qué querés que quede marcada esta orquesta?

Que quede la huella marcada en los músicos que hicimos este disco, en el público que nos dio en vivo, en el público o los oyentes que nos escuchan por las plataformas, en los bailarines y las bailarinas que quieran bailar nuestra música, y de esa manera, dejar una huellita en esa historia inmensa llena de huellas y de marcas, que es la historia del tango.

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