Tango y Jazz en Buenos Aires: El regreso del espíritu del cabaret de los años 40 al CAFF

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Sentimental y Canyengue
Sentimental y Canyengue

Hubo un tiempo en que Buenos Aires no dormía, y su banda sonora no conocía de fronteras genéricas. En los años 40, los míticos salones del Marabú, el Chantecler o el Picadilli no solo eran templos del 2×4; eran laboratorios de mestizaje donde las orquestas típicas y las formaciones de jazz convivían en una misma noche, bajo un mismo pulso: el de la danza.

Ese espíritu de «cabaret porteño», donde la sofisticación del swing se cruzaba con el barro del tango, es el que recupera este viernes 10 de abril el CAFF (Club Atlético Fernández Fierro). No se trata de un ejercicio de nostalgia estática, sino de un hecho artístico vibrante que pone frente a frente a dos instituciones de la resistencia cultural: la legendaria Porteña Jazz Band, celebrando 60 años de trayectoria ininterrumpida, y la orquesta típica Sentimental y Canyengue, dirigida por el contrabajista Nicolas Acosta.

La génesis de esta colaboración reside en una búsqueda técnica y emocional. Para Nicolas Acosta, la clave está en el motor rítmico, ese pulso que hace bailar a la gente y que históricamente unió a figuras como el contrabajista Víctor Virgilito, quien supo ser el corazón del ritmo tanto en la orquesta de Juan D’Arienzo como en los conjuntos de jazz de la época.

Esta noche, el público asistirá a una reconstrucción histórica rigurosa —con cuerdas de tripa, pianos acústicos y micrófonos de época— pero atravesada por una sensibilidad estrictamente contemporánea. Como bien señala Acosta, el proyecto abraza la diversidad y la inclusión, dejando atrás los prejuicios de antaño para transformar el rito del cabaret en un espacio de encuentro social y cultural abierto a todos.

El programa promete ser un banquete para los sentidos: desde los clásicos de Cab Calloway interpretados por Marcelo Ariño, hasta la presencia estelar de Miss Marine Blue, cuya performance de burlesque terminará de completar esa atmósfera bohemia y teatral que alguna vez definió a nuestra ciudad.

En un presente donde los géneros suelen aislarse en sus nichos, este encuentro nos recuerda que Buenos Aires siempre fue un puerto de llegada y una pista de baile compartida. Prepárense para viajar en el tiempo: el jazz y el tango vuelven a casa.


Ficha del Evento

  • Fecha: Viernes 10 de abril – 21:00 hs.
  • Lugar: CAFF (Sánchez de Bustamante 772, CABA).
  • Protagonistas: Porteña Jazz Band & Sentimental y Canyengue.
  • Invitada: Miss Marine Blue.

¿Cómo surge esta colaboración con Porteña Jazz Band?

La colaboración surge de un proyecto que tenemos desde 2021 con la orquesta: recrear un cabaret de una Buenos Aires del ’40. Empezamos con la jazz band «hermana” de la orquesta típica Sentimental y Canyengue, que es Sentimental Syncopators, dirigida también por mí (Nico Acosta), donde canta Marcelo Ariño; con quien formamos parte de Porteña Jazz Band. Como este año la Porteña cumple 60 años de actividad ininterrumpida, decidimos armar algo a lo grande en el CAFF.

Porteña Jazz Band
Porteña Jazz Band


¿Sentís que hay elementos musicales concretos —rítmicos, armónicos o expresivos— donde el tango y el jazz se “encuentran” naturalmente?

Totalmente. Ambas músicas, en esos años, tenían una intención muy clara: hacer bailar a la gente. Hay un contrabajista que tengo como referente musical, “Víctor Virgilito”, que fue músico de Juan D’Arienzo y también una figura del jazz en Buenos Aires (tocaba con grupos como los Hawaiian Serenaders). Él entendía que el factor y el elemento rítmico de ser el motor del pulso de la orquesta, era esencial para hacer danzar a la gente en ambos géneros. Después, cada estilo desarrolla su propia manera de abordar esa cuestión rítmica pero sobre todo está ahí.



¿Qué creés que puede descubrir un público de tango al escuchar a la Porteña Jazz Band en este contexto, y viceversa?

Siempre me sorprende cómo los músicos de jazz de Buenos Aires aman y valoran profundamente nuestro tango. También pasa que la gente del jazz, al ver por primera vez una orquesta típica de 12 músicos, queda muy impactada por la experiencia en vivo. El público se sorprende con lo que no le es habitual. Además, el tango y el jazz siempre estuvieron relacionados: Roberto Firpo, Francisco Canaro o Carabeli tenían tanto orquestas típicas de tango como de jazz. En Buenos Aires, el jazz estuvo presente desde los primeros tiempos.



El concierto propone recrear un “cabaret porteño de otra época”. ¿Qué significa para ustedes esa idea? ¿Es una reconstrucción histórica o una reinterpretación contemporánea?

Sentimental y Canyengue recrea desde el repertorio, los arreglos, las técnicas, la formación y la instrumentación. Incluso usamos cuerdas de tripa en el contrabajo, piano acústico y micrófonos de época restaurados, en un formato semi acústico, para acercarnos a ese sonido. Buscamos traer lo mejor del pasado.

Somos conscientes de que hay ciertas ideas que cambiaron, y está perfecto que sea así. No buscamos recrear las cosas que consideramos que atrasan a la sociedad.

Somos una orquesta mixta con valores que promueven el respeto por la diversidad y la inclusión. Sin hacer distinción de etnias, género, edad, orientación sexual, capacidades, ni culturas. Ese es nuestro valor contemporáneo: abrirle la puerta a músicos de todo el mundo y dejar atrás la discriminacion, de cualquier índole.

Nicolas Acosta
CCK – Plaza Seca

En los años 20 y 30, estos espacios eran lugares de mezcla social y cultural. ¿Buscan recuperar también ese espíritu, más allá de lo musical?

Totalmente. Nos interesa que nuestros eventos tengan un rol social: que la gente se conozca, baile y conecte con nuestra cultura. Por ejemplo, organizamos la milonga Guaraní en la Asociación Correntina de Palermo, donde han participado músicos de folklore, artistas de Europa y Estados Unidos, e incluso gente de otros géneros como el punk, que valoran mucho lo que hacemos por la identidad porteña.


¿Habrá cruces musicales concretos en el escenario o la propuesta apunta más a una convivencia de lenguajes?

Va a haber cruces concretos. Nuestro cantor, Marcelo Ariño, va a interpretar tanto tangos como clásicos de Cab Calloway. Cuando hacemos este formato junto a Sentimental Syncopators, armamos una “mega orquesta” y abordamos repertorio de orquesta característica: foxtrot, pasodoble, vals, jazz y algunos ritmos latinos, como los que hacían Feliciano Brunelli y Enrique Rodríguez.

Marcelo Ariño


¿Qué desafios conlleva hoy mantener una propuesta de orquesta típica con impronta histórica sin que se vuelva algo rígido o meramente nostálgico?


Hay muchísimo estudio detrás: análisis de grabaciones de estudio, radio y shows en vivo, además de las enseñanzas de maestros, como Víctor Lavallén. A partir de eso, también nos damos la licencia de construir una interpretación propia, imaginando qué buscaban los directores de la época.

Además, tocar con tecnologías antiguas exige mucho dominio del instrumento: cada músico debe asumir momentos de liderazgo como solista y luego volver al rol de acompañante. Lograr ese equilibrio humano y musical es uno de los mayores desafíos.


¿Qué tipo de experiencia buscan generar en el público: concierto, baile, espectáculo integral?

Como en los cabarets de antes, hay un poco de todo: música para bailar, exhibiciones de danza, performances de burlesque, humor y momentos sentimentales.

También creemos que el tango del ’40, bien interpretado, tiene un enorme valor como espectáculo de concierto, por la riqueza de sus cambios de estilo y solistas.


¿Qué te atrajo personalmente de compartir escenario con la Porteña Jazz Band?

La posibilidad de ser parte de ambos grupos y trabajar con una identidad tan marcada como la de Porteña Jazz Band. Su estilo es muy original y sus arreglos son únicos. Además, compartimos una búsqueda estética y sonora muy similar.

Para mí, esto es lo más cercano a aquellas noches del Marabú, Chatecler o Picadilli donde convivían las orquestas de tango y jazz.



Si tuvieras que elegir un momento histórico donde tango y jazz se cruzaron, ¿cuál te inspira más?

Elegiría los momentos en los que tocaba Oscar Alemán junto a la orquesta de Carlos Di Sarli, en los años ’40. Era una época de altísimo nivel musical, donde los músicos circulaban entre distintos géneros. Lo que vamos a hacer en el CAFF, en aquel entonces, pasaba constantemente en Buenos Aires.

Oscar Alemán y Carlos Di Sarli

¿Qué te gustaría que el público se lleve consigo después de esta noche?

Ojalá se lleven alegría y disfrute, como nos pasa a nosotros al tocar. Esa sensación de haber hecho algo por nuestra cultura, haciendo lo que amamos. También me gustaría que hubiera sorpresas.

Que puedan descubrir algo nuevo, ya sea en el tango, en el jazz, en el baile, en el burlesque o en la poesía de las glosas. Y, sobre todo, que puedan conectar con algo de su identidad porteña. Si además logramos que alguien se acerque por primera vez al tango y se contagie de esta locura, ya es misión cumplida.

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