Desde hace décadas, una pregunta desvela a los tangueros: ¿cómo acercar a los jóvenes al tango?
Comparada con la masividad que el género vivió en la Argentina, y especialmente en Buenos Aires, entre 1930 y 1960, todo parece poco. Pese a todo, el tango sobrevivió y además se siguió transmitiendo de generación en generación. Nunca faltaron jóvenes curiosos, para quienes la danza era una cuenta pendiente y un sonido ligado al recuerdo de padres y abuelos.
Sin embargo, para muchísimos jóvenes de hoy, la música de sus padres, incluso de sus abuelos, no es el tango, sino alguna vertiente del rock nacional u otros géneros de la música popular. ¿Qué pasa con el tango, entonces? La pregunta vuelve siempre: ¿cómo acercar a los jóvenes al tango?
En este momento en la Argentina se ensayan varias ideas y un poco sorpresivamente, la ayuda puede llegar de los lugares menos esperados.
Las milongas que atraen a los jóvenes
Pero vamos por partes: la estrategia más notable del último tiempo fue la fuerte campaña que lanzó La Viruta Tango AR (también conocida como “La Viruta de Solanas”) en que propuso clases gratuitas de tango para jóvenes de 18 a 24 años. Según cuenta María José Iglesias, histórica compañera de Luis Solanas, llegaron a sumar clases para principiantes con 150 jóvenes. Incluso se acercaron adolescentes menores de 18 años a participar.
“Lo que nos cuentan es que muchos vinieron a probar una nueva actividad, a ver de qué se trataba. Aprender y desafiarse. Que fuese con entrada gratis fue relevante. Les llama la atención la milonga y el ritual social que tenemos, eso de encontrarse para bailar tango. Tener contacto físico para bailar es nuevo para estas generaciones y también les llama mucho la atención”, explican desde la icónica milonga palermitana.
Luis y María José, además, protagonizan una enorme cantidad de reels en Instagram y otras plataformas donde acercan la dinámica tanguera al lenguaje de las redes sociales. Les funciona.
Redes sociales, estética y comunicación
En Muy Lunes / Muy Martes es fácil encontrar mesas íntegramente compuestas por milongueros jóvenes.
“Nuestro público es mayoritariamente joven, pero no se debe a una búsqueda, pienso más bien que tiene que ver al producto que ofrecemos y como lo ofrecemos: inversión en redes, diseño y estética de comunicación”, plantea sin tanta vuelta Martín Chili.
Las redes de sus milongas corren por cuenta de la bailarina Lucía Be. Y si bien no hay tanto contenido orgánico como en otro espacios, se refuerza mucho la producción audiovisual y transmitir el clima de fiesta y encuentro.
Parece una verdad de Perogrullo, pero la línea es clara: las milongas con una estética más fresca, que dejaron atrás el farolito y la iconografía de principios del siglo XX, atraen a los jóvenes del siglo XXI.
“No me sorprende que los más jóvenes se acerquen, las juventudes son rebeldes, transgresoras y expeditivas, suelen ser las más predispuestas y libres de tabúes para experimentar cosas nuevas/viejas”, reflexiona Chili.

El tango en la adolescencia: enseñar y generar confianza
En esa línea trabaja también Miriam Rizzuto, parte del cuerpo docente de la Escuela de Danzas Tradicionales de Argentina, de La Plata. Rizzuto, además, lleva adelante un proyecto de tango para adolescentes de 16-17 años.
¿Por qué se acercan esos pibes? “Curiosidad, alguna referencia social o familiar con la que matchearon”, enumera. “Por inquietud corporal : quieren moverse, o inquietud de la danza: bailan otros ritmos pero tango no”, agrega.
“A esta edad pasaron la primera etapa intro de la adolescencia y tienen una suerte de tendencia biológica y psicológica a buscar al otrx , mostrarse, querer ser mirados”, analiza la bailarina y docente.
Para ella también hay una diferencia respecto a quienes se inscriben en la EDTA, que si bien pueden ser jóvenes, tienen otros objetivos en mente. En los adolescentes, la necesidad de salir de la silla y de la instancia más formal de aprendizaje es fundamental, aunque también tiene sus desafíos.
“Con los adolescentes hay que tener en cuenta que somos sus primeros profes o su primer acercamiento corporal al lenguaje. Hay que ser conscientes de eso. Y lo que les decís… están prestando atención. Están muy presentes. Es importante lo que decís, lo que comunicás, cómo lo comunicás.
Si sos respetuoso, amable, si les escuchás, tenés en cuenta sus intereses, si cuando les hacés una corrección o propuesta no los disminuís. Todo que tiene que ver con la educación”, explica.
Además, cuenta, tuvieron que hacer acuerdos de convivencia desde el primer momento para entender cuándo es legítimo y necesario el contacto físico y cuándo basta con una explicación verbal o gestual.
El tango se cruza con el pop y la música urbana
En el medio de todos estos cambios y nuevas propuestas, asoman distintos destellos tangueros en otros firmamentos juveniles. Hay una notable cantidad de referentes musicales jóvenes que están explicitando su vínculo con el tango.
Incluso el género se empieza a colar en algunos lugares inesperados, como el concurso televisivo Popstars, en que una participante contó que para un show fue a aprender a bailar tango e incluso se animó en cámara a dar unos pasos con su novio.
Cazzu, incorporando el tango entre los ritmos de su último disco, Latinaje. Y claro, aparece con fuerza la figura de Hernán “Cucuza” Castiello, que se agiganta en ese sentido: invitado recurrente del trapero Ysy A, participante del último show multitudinario de la mega estrella pop Lali Espósito, cantor del himno nacional en el anteúltimo partido de la selección argentina de fútbol.
El tango tiene que salir a buscar a los jóvenes
En Tango post 2001, Matías Mauricio afirma que después de los 60 el tango dejó de hablarle a los jóvenes. Aníbal Troilo decía que el tango te espera. Y sí, te espera.
Pero las experiencias del último tiempo demuestran que quizás es ahora de que el tango deje de esperar y, en cambio, busque activamente a esas juventudes, les hable y les ofrezca algo que falta desesperadamente en tiempos digitales: un abrazo verdadero.