La Orquesta Escuela Emilio Balcarce celebra 25 años con nuevo disco y concierto aniversario

Orquesta Escuela Emilio Balcarce

La Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce celebra 25 años de trayectoria con un nuevo disco y un concierto especial en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura. En esta entrevista, su director artístico Ignacio Varchausky reflexiona sobre el legado pedagógico del proyecto, la transmisión de la sonoridad característica de las grandes orquestas típicas y el impacto que la escuela tuvo en la formación de nuevas generaciones de músicos.

Creada a fines de los años noventa con el objetivo de transmitir el lenguaje orquestal del tango a través del trabajo directo con los maestros de la tradición, la orquesta reunió a figuras fundamentales como Emilio Balcarce, Leopoldo Federico y Horacio Salgán, quienes guiaron a los primeros estudiantes en la exploración de ese universo estilístico.

En 25 años de actividad, el proyecto formó a cientos de músicos de Argentina y del exterior y se consolidó como una de las experiencias pedagógicas más influyentes del tango contemporáneo.

Ignacio Varchausky tiene casi cincuenta años. Fundó El Arranque a los 19, la Orquesta Escuela a los 23, y desde entonces no paró. Contrabajista, productor con Grammy Latino, editor de la primera colección metodológica en inglés y español para interpretar tango, gestor cultural con una paciencia que él mismo describe como «infinitamente más de lo que hubiera podido anticipar». En la conversación que sigue —con la generosidad y la precisión que lo caracterizan— habla del abismo que existe entre escuchar un disco de Troilo y poder tocarlo, de la «mugre» como categoría estética, del milagro muy argentino de hacer todo con nada, del legado de Emilio Balcarce y de por qué la tradición, cuando se la entiende bien, no es una máquina de impedir sino una plataforma de lanzamiento.


La Orquesta Escuela Emilio Balcarce cumple 25 años. Cuando imaginaste el proyecto a fines de los noventa, ¿Cuál era el problema principal que veías en la transmisión del lenguaje del tango? ¿Cuántos maestros de la época de oro estaban aún disponibles para emprender esta tarea ?

En mi mirada la problemática era obvia: quienes queríamos aprender a tocar tango nos dábamos cuenta de que había un verdadero abismo entre aquello que escuchábamos en los discos de las grandes orquestas del tango y lo que nosotros éramos capaces de tocar. ¿Por qué eso era así? Al principio no teníamos ni idea.

El lenguaje orquestal del tango está construido a partir de una lógica arquitectónica desde la cual se desarrollan múltiples herramientas y recursos que hacen funcionar el fabuloso mecanismo de la orquesta típica y sus derivaciones.

Y a partir de ahí hay un universo de posibilidades estilísticas que crean las distintas personalidades. Todo eso se crea, convive y desarrolla en infinitos puntos de encuentro entre distintas técnicas, convenciones estilísticas, yeites y caprichos personales.

Descubrir que eso existe y comenzar a entenderlo es un camino solo posible con la guía y el ejemplo de otros que tengan experiencia y ganas de compartir. Unir generaciones llamando a los maestros para que nos enseñen lo que hacían me pareció la forma más natural de darle continuidad a una tradición que en buena medida se basa en la transmisión oral. Entendiendo esto, el escenario era claro y con un tremendo sentido de urgencia: tenemos que aprovechar a todos estos maestros mientras tenemos esta oportunidad, única y última.

Cuando arrancamos había aún muchos maestros en actividad, verdaderos protagonistas de las legendarias orquestas típicas de los ’40 y ’50. Gente como Emilio Balcarce, Leopoldo Federico, Horacio Salgán, Julián Plaza, José Libertella, Carlos García, Ernesto Franco, Atilio Stampone, Carlos Pazo, Félix Verdi y tantos otros que fueron increíblemente generosos y pacientes con nosotros y acompañaron a la Orquesta Escuela desde el comienzo.

Ignacio Varchausky

El documental «Si sos brujo» retrata ese momento fundacional con Emilio Balcarce. Él representa al «maestro» que enseña desde el hacer. Al mirar hacia atrás, con 25 años y 17 camadas, ¿Cuál crees que fue la principal enseñanza o sabiduría que Balcarce les transmitió y que hoy sigue siendo el ADN innegociable de la orquesta?

Emilio nos enseñó a trabajar con amor y respeto al tango y a la música. Para él era todo era un gran acto de amor, que había que abordar con mucha vocación y dedicación. Te diría que, de muchas maneras, su forma de pensar y sentir el tango nos inculcó una suerte de ética artística y profesional, donde no hay lugar para el maltrato ni la subestimación del otro. Ni del colega, ni del alumno.

Mientras nos inculcaba el concepto de “expresión porteña” y nos explicaba la importancia del desarrollo del discurso musical y estilístico en estilos complejos como los de Pugliese, Gobbi o Troilo, también insistía con el valor de otros estilos muchas veces subestimados por los músicos, como pueden ser D’Arienzo o mismo Di Sarli. Emilio tenía un gran respeto y admiración por todos los estilos, y siempre decía que de cada uno se podía aprender y tomar algo.


    Cuando crearon la orquesta, el objetivo era transmitir el lenguaje desde la práctica orquestal. ¿Qué aspectos del lenguaje y los estilos fueron los más difíciles de preservar o transmitir? ¿Hubo estilos que resultaron más difíciles de codificar y enseñar que otros?

    Los aspectos más difíciles de entender, recrear y preservar tienen que ver justamente con el concepto de “expresión porteña” del que hablaba Emilio. Esa lógica -bastante abstracta cuando no se la ha transitado- está atravesada por la forma de ser y sentir porteños, donde conviven el vigor de la gran ciudad y la compadrada prepotente con la ternura y la dulzura que toda persona posee. Va de la mano con el concepto de “mugre”, que es todo aquello que hace que el tango suene más “sucio”, como una forma de resaltar su carácter de música popular y evocar una idiosincrasia hecha de múltiples raíces, donde conviven lo citadino, lo suburbano, lo gauchesco, lo sentimental y lo compadrito.

    La «mugre» es esencial para transmitir la autenticidad, el carácter popular y la complejidad emocional que define al tango en todas sus formas. Entender todos estos aspectos, saber utilizarlos y hacerlos propios a favor de nuestra propia voz es un desafío maravilloso.

    La verdad es que todos los estilos son difíciles, aún aquellos que parecen fáciles. Cada uno es un pequeño universo hecho de detalles que mayormente pasan desapercibidos.
    Como una receta magistral, es fácil disfrutarla, pero es muy difícil detectar de qué está hecha y más aún recrearla sin alguien que nos guíe. Acaso el mejor ejemplo sea el estilo de Carlos Di Sarli: uno ve la partitura del arreglo y no hay nada, son poquitas notas. No hay solos, no hay variaciones. Sin embargo lograr acercarse a su enorme y misteriosa sonoridad es un reto monumental para cualquier músico, sea estudiante o sea profesional. Di Sarli encierra, en su engañosa sencillez, una enorme complejidad estilística que aún hoy seguimos descubriendo.


    Cómo se logra que los estudiantes no sólo reproduzcan arreglos históricos, sino que comprendan la lógica musical detrás de cada estilo?

    Se logra con enorme dedicación y respeto, con paciencia y método. Con aquella ética balcarcista de la que te hablaba antes. Después de tantos años de interactuar con los maestros, de codificar cada aspecto de cada estilo y tomar todas las enseñanzas de la enorme experiencia que da llevar adelante un programa pedagógico durante tanto tiempo y por el cual pasaron más de 300 músicos de todo el mundo, logramos perfeccionar y verificar una metodología realmente infalible. La receta tiene muchos ingredientes, pero se caería a pedazos sin aquella lógica madre que nos legó Emilio.

    Además, contamos con un archivo extraordinario de arreglos para orquesta típica, en el cual conviven cientos de originales que nos han legado los maestros y muchas transcripciones realizadas con enorme meticulosidad. Ese material -reunido a lo largo de más de dos décadas- es también una parte importante del rescate de nuestra memoria cultural.


    Analizando el repertorio del nuevo disco, veo un mapa de estilos: desde el «Estilo Aníbal Troilo» en Tecleando hasta el «Estilo Osmar Maderna» en Ahí va el Dulce. ¿Cómo es el proceso curatorial para elegir el repertorio de cada camada?¿Buscan que los instrumentistas encarnen una lógica estilística particular con cada pieza?

    El proceso curatorial tiene como eje nuestra currícula, que es básicamente la misma desde la creación de la orquesta. El programa tiene una duración de dos años. En el primero se estudian los estilos más significativos de los años ’40 y ’50 a través de los arreglos originales. Mes a mes se van abordando temas de los estilos de Carlos Di Sarli, Aníbal Troilo, Juan D’Arienzo, Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi, Astor Piazzolla (su orquesta del ’46) y Horacio Salgán, en ese orden. Y paralelamente se estudian y tocan temas de Emilio Balcarce y de Víctor Lavallén, nuestro director hace ya 15 años. Todo esto tiene un diseño, y hay un porqué de cada estilo y de cada tema que se elige. Esto tiene que ver con las posibilidades pedagógicas que se desprenden de cada obra, y cada elección tiene que rendir.

    Cada estilo y cada tema nos da la oportunidad de aprender distintos aspectos del lenguaje orquestal tanguero, cuantos más elementos nos brinde, mejor. El segundo año, la orquesta recibe a un director invitado por mes y se prepara un repertorio específico con cada uno. Sobre ese planteo vamos renovando el repertorio a través del tiempo, muchas veces eligiendo temas poco conocidos y menos difundidos, pero siempre incorporando material de gran valor artístico y múltiples posibilidades pedagógicas.

    De cada tema se aprende algo distinto. El objetivo es que en la sumatoria del repertorio abordado durante los dos años del programa los músicos tengan un panorama bastante completo del lenguaje, que les dé las herramientas necesarias para llevar adelante una actividad artística y profesional dentro del tango.


    El álbum fue grabado en vivo. ¿Qué implica esa decisión en términos artísticos y, sobre todo, pedagógicos?

    Si bien el disco se grabó en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura y no en un estudio de grabación, en rigor no se trata de un disco en vivo. Aquí no hay público presente y se realizaron varias tomas de cada tema. La elección del espacio tuvo que ver con distintas cuestiones, algunas institucionales, otras emotivas y otras técnicas. La orquesta nació en el Salón Dorado, fue el primer espacio en el que ensayó, básicamente durante el primer año. Recuerdo perfectamente aquel primer ensayo, algo de aquello se muestra en el documental “Si sos brujo”.

    Festejar los 25 años grabando un disco en el mismísimo lugar que nos vio nacer tiene un valor enorme. Y no es solo un valor emotivo, sino también institucional. Haber logrado que el programa siga existiendo, crezca y se desarrolle durante tantos años en el marco institucional del Ministerio de Cultura de la Ciudad es un logro extraordinario de enorme dimensión. Grabar este disco en el edificio del propio Ministerio es una forma de seguir celebrando la institucionalización de la orquesta, una conquista que llevó más de dos décadas. Desde lo técnico, si bien fue un gran desafío esquivar todos los ruidos no deseados inherentes al contexto, buscamos capturar la grandiosa sonoridad de esta gran orquesta típica aprovechando la bellísima acústica de la sala, en mi opinión mucho más apropiada y cálida para este registro que cualquier estudio de grabación.


    El disco cuenta con maestros invitados*: Néstor Marconi, José Colángelo, Horacio Cabarcos y Leonardo Fernández. En la dinámica de la escuela, ¿Cómo gestionan el equilibrio entre la autoridad del maestro invitado y la continuidad pedagógica que sostienen con Víctor Lavallén? ¿Cómo logran que no sea solo una «clase magistral» sino una experiencia orgánica para los chicos?

    Ese equilibrio tiene también un diseño, ya que está muy pensado desde el programa y la dinámica de cada uno de los dos años. A la vez, es algo que también se da muy naturalmente en el caso de Víctor, quien comparte el día a día desde el primer ensayo y se ocupa de estar siempre disponible, siempre dando el ejemplo. Es tal la admiración que todos tenemos por Víctor -tanto el equipo y los alumnos como los maestros invitados- que no existe ni siquiera el menor gesto que cuestione su autoridad. Una autoridad que se ganó tocando, componiendo, escribiendo arreglos y dirigiendo al máximo nivel.

    Justamente, cada maestro invitado -siempre en el segundo año, salvo excepciones- trae su propio repertorio y realiza varios ensayos con la orquesta. Ese trabajo se hace muy a conciencia, con todo el equipo de docentes preparando el material con anticipación junto a la orquesta, lo cual crea las condiciones para profundizar en los ensayos junto a los maestros.

    Cada uno trae su propia forma, su lógica. Algunos ensayan mil veces, otros un solo ensayo. Algunos traen arreglos impecables, otros unos papeles ilegibles. En todo caso, toda esa diversidad está contemplada con la idea de darle a la orquesta en su segundo año la posibilidad de conocer distintas formas de trabajo, acercándolos a una dinámica más cercana a la vida profesional que la que se desarrolló en el primer año.


    En el repertorio aparece Generación X de Víctor Lavallén. ¿Qué lugar ocupa la creación contemporánea dentro de un proyecto que trabaja tan profundamente con los estilos históricos?

    En el disco hay tres composiciones nuevas: “Generación X” de Víctor Lavallén, “A la alta escuela” de Néstor Marconi y “Pichuco” de José Colángelo. Los primeros dos son temas dedicados a la propia orquesta por dos de sus directores (Marconi fue nuestro director entre 2007 y 2010), completando una trilogía que había comenzado el propio Emilio con su tangazo “A la orquesta escuela de tango”, grabado en nuestro disco “Mistonguero” de 2013. El tema de Colángelo es un estreno absoluto, ya que solo lo había tocado una vez en el Festival de Tango de Buenos Aires en el marco de un homenaje a Troilo en 2025.

    En relación a la creación contemporánea dentro del repertorio, claramente tiene su lugar en el marco del segundo año y de la mano de los invitados. Sin ir más lejos, en noviembre pasado la orquesta recibió al pianista y compositor Fernando Otero en el marco del concierto de graduación en el Teatro Alvear. Otero es una figura clave del tango contemporáneo, quien tocó junto a la orquesta obras propias exclusivamente.


    En 25 años han pasado decenas de músicos por la orquesta. Muchos hoy lideran sus propios proyectos. ¿Qué impacto concreto creés que tuvo el proyecto en la escena del tango contemporáneo? ¿Sienten que ayudaron a formar una generación con una mirada histórica del género?

    El impacto es innegable y es absolutamente transformador. Resulta imposible imaginarse la escena tanguera actual -al menos como la conocemos- sin el trabajo y el aporte de La Balcarce.

    Los egresados de la orquesta ocupan cada vez más espacios profesionales de responsabilidad, y a esto se suman numerosos ejemplos de músicos notables que pasaron por el programa. Entre los cientos de egresados, se destacan músicos como Diego Schissi, Pablo Estigarribia, Ramiro Boero, Eva Wolff, Abel Rogantini, Adrián Enríquez, Christine Brebes, Pablo Jaurena, César Rago, Santiago Segret o Marina Ruiz Matta, todos ellos con importantes carreras artísticas. Al mismo tiempo, de la orquesta surgen naturalmente nuevas agrupaciones que se forman a partir de los vínculos entre los alumnos. Hoy más que nunca defendemos la visión inicial de la orquesta como una verdadera fábrica de colegas.

    Sin duda, y sobre todo pienso que logramos transmitir una idea de tradición muy sana, sin ese peso reverencial y estrictamente evocativo que muchas veces confunde o arruina la frescura con la que los jóvenes se acercan a una tradición.

    El tango está vivo, y hoy suceden muchas cosas hermosas y geniales, lo que pasó antes nos sirve para aprender de qué está hecho el género, para entender de dónde venimos y así ubicarnos mejor en el presente, no para recrear eternamente lo que ya pasó o para transformar ese legado en una máquina de impedir. Todo lo contrario, estudiamos el pasado para fortalecer el presente y sembrar para el futuro.

    Nunca pretendimos que los egresados se dediquen a tocar como tal o cual orquesta de los ’40, sino que su forma de tocar esté informada por la tradición, la riqueza y la belleza de los grandes creadores del género, para que después cada uno elija su propia aventura.


    25 años de gestión cultural pública son casi un milagro. Han atravesado gobiernos, crisis y pandemias. ¿Cómo se blinda un proyecto así de los vaivenes políticos? ¿Cuál fue la estrategia para convertirlo en una política de Estado sostenible?

    Es un milagro realmente, no hay muchas otras formas de nombrar tal logro. Un milagro sostenido gracias al esfuerzo de mucha gente, desde todo el equipo de trabajo, los maestros, las distintas generaciones de estudiantes y funcionarios hasta periodistas, el público tanguero y nuestras familias que nos bancaron siempre. Una locura muy argentina, donde con nada hacés todo, y donde muchas veces aquello que debería ser institucional es abiertamente discrecional.

    En lo personal, realmente podría escribir un libro sobre lo que ha sido el proceso de estos 25 años, porque en lo personal debo admitir que el desafío ha sido inconmensurable. El nivel de tenacidad y paciencia que tuve que desplegar para sostener este proyecto funcionando todo este tiempo ha sido infinitamente más de lo que hubiera podido anticipar. Dicho esto, estoy muy agradecido, porque aquí estamos, y no solo hemos sobrevivido, sino que hemos crecido, mejorado, madurado y conquistado cada cosa que nos propusimos, desde algo muy básico como tener un lugar de ensayo propio con atriles e instrumentos, hasta ampliar poco a poco el equipo de trabajo y finalmente lograr la solidez institucional que tanto anhelamos.

    Porque tengo que decir que hoy La Balcarce está en su mejor momento, tanto en lo pedagógico y artístico, como en el compromiso y sostén institucional que nos da el Ministerio de Cultura de la Ciudad a través de su Dirección General de Enseñanza Artística. Este marco y acompañamiento no lo tuvimos nunca, y eso también es parte del milagro.

    La mejor estrategia fue mostrar resultados de excelencia siempre, haciendo visible nuestro trabajo y llegando a la comunidad a través de los conciertos y otras actividades de divulgación. En ese sentido, el acompañamiento de la prensa y de la comunidad cultural porteña en general siempre nos dio un marco de apoyo con base en el prestigio ganado.


    La orquesta no solo forma músicos, sino que crea audiencia. ¿Cómo miden el «retorno social» de esta inversión? ¿Cómo se le explica a un funcionario la importancia de financiar una escuela que enseña música de los ’40 en el siglo XXI?

    Si bien mensurar ese “retorno social” resulta algo inexacto por naturaleza, en cambio sí es posible cuantificar al menos algunas de las variables que atraviesan nuestro trabajo. Desde los cientos de aspirantes que se presentan a las audiciones en forma bianual, las miles de personas que asisten con alegría y gratitud a nuestros conciertos, el continuo flujo de nuestros egresados ocupando espacios de enorme responsabilidad profesional en orquestas estables de la Ciudad, las casas de tango, espectáculos teatrales y grupos de música de concierto o para la vibrante escena milonguera de Buenos Aires y el mundo. En la sumatoria algo queda claro: La Balcarce genera interés y respeto hacia adentro y hacia afuera, todo gracias a tanto trabajo serio, amoroso y sostenido a través de los años.

    Se le explica con resultados. Como te decía, la clave está en siempre poder mostrar resultados. Que la orquesta toque y guste, que sea algo tangible y se valore. Que toque, que grabe, que viaje si se puede. Que sea un orgullo de la Ciudad. Cada concierto cumple con un doble objetivo, el de sumarle experiencia profesional a los integrantes mientras plasman el resultado de su aprendizaje, y el de mostrarle tanto a la comunidad como a los funcionarios que el esfuerzo que implica sostener el programa tiene premio para todos.


    Después de 25 años, ¿Cómo imaginás el futuro de la Orquesta Escuela y del tango como tradición viva?

    En 25 años cambiaron muchas cosas, el tango es otro, Buenos Aires y la Argentina son otras, el mundo es otro. Imaginando hacia adelante, pienso que se impone potenciar la llegada y el impacto de la orquesta a través de herramientas digitales que nos permitan alcanzar a aquellos que no pueden venir a Buenos Aires y así multiplicar las posibilidades y resultados de nuestro trabajo. Por otro lado estoy convencido de que debemos continuar la transición generacional de maestros y maestras invitados desde una perspectiva que aproveche la gran amplitud estética y discursiva del tango actual.


    En tu web, invitas a » transformar la forma de escuchar y entender el tango «. Siendo también un productor con Grammy, te quería preguntar: después de 25 años y 17 camadas de pibes, ¿Cómo ha cambiado Ignacio Varchausky su propia forma de escuchar el tango? ¿Qué aprendiste de todos ellos que no supieras antes?

    He cambiado mucho en muchos aspectos, por la experiencia de atravesar y ser atravesado por este arte muy desde adentro y en distintos roles y capacidades, y otro tanto por la experiencia de la vida misma. Cuando armamos El Arranque yo tenía 19 años, cuando logré fundar la Orquesta Escuela tenía 23, y en pocos meses voy a cumplir 50.

    Si no hubiese cambiado algo estaría muy mal. En todo caso, y específicamente en virtud de tu pregunta y mi relación al género como entenderlo, debo decir que la mayor transformación se da cuando uno logra entrar a esa suerte de matrix multidimensional que es la orquesta típica y a partir de allí comienza a entender, apreciar y disfrutar todo lo que sucede en esos milagrosos tres minutos de arte popular.

    Aprendí que uno no es solo uno y su circunstancia, sino que también es su perspectiva. La enorme diversidad de los músicos y músicas que han pasado por la orquesta, cada quien con un background socioeconómico y cultural distintos -a veces hasta antagónicos- me enseñó a entender mejor a otros, a escuchar mejor, a ser más paciente, a buscar e inventar distintas formas de transmitir una misma idea, distintas formas de compartir y entusiasmar.

    Foto: @soleadofilms

    El concierto aniversario será el 14 de marzo las 19 en el Salón Dorado ¿Qué podrá esperar el público que asista? ¿Será una reproducción del repertorio del disco o hay algún elemento especial preparado para celebrar los 25 años?

    Puede esperar una verdadera fiesta del tango instrumental y una emotiva celebración de la enseñanza pública y gratuita de calidad. No es poco, menos en nuestro país y aún menos en los tiempos que corren. Además, esta camada es una de las mejores de toda la historia de La Balcarce, es realmente excepcional. También por eso decidimos no dejar pasar la oportunidad de grabar el disco, más allá de celebrar los 25 años.

    El repertorio será básicamente el del disco, combinando temas de los estilos que estudia la orquesta más los temas de los maestros invitados. Será la mejor y más hermosa demostración de cómo es posible lograr milagros cuando hay talento, determinación, ética de trabajo y solidez institucional.


    La Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce es un programa de formación del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, dependiente de la Dirección General de Enseñanza Artística (DGEART)

    Equipo Pedagógico

    • Director artístico: Ignacio Varchausky
    • Director musical: Víctor Lavallén
    • Docente de violín / Primer violín: Guillermo Rubino
    • Docente de bandoneón / Primer bandoneón: Ramiro Boero
    • Docente de piano: Adrián Enríquez
    • Docente de contrabajo: Patricio Cotella
    • Coordinadora: Amaya Lainez Le Déan
    • Copista: Camilo Ferrero

    Integrantes de la camada número 17

    • Piano: Luca Grassi, Patricia Szilagyi
    • Bandoneón: Matías Buono, Lucía Coggiola, Luciano Groisman, Aureliano Mosquera, Alejandro Pereyra
    • Violín: Rocío Hilen Alves, Paula Corrarello, Sofía Herman, Bianca Laura, Sara Lizola, Lara Rapetti, Leonel Romero
    • Viola: Fernando Penayo, Mayra Yamil Vartanian
    • Cello: Raffi Castro Tekyan, Abigail Vallejos
    • Bajo: Nicolás Ortiz

    Concierto de presentación: hoy sábado 14 de marzo, 19 h · Salón Dorado, Casa de la Cultura (Av. de Mayo 575) · Entrada libre y gratuita

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