La Flor de la Ribera: Graciano 4 Cuarteto revive una película muda argentina con música en vivo

Hubo un tiempo en que el cine y el tango crecían al mismo ritmo. Antes de que las películas hablaran, las imágenes encontraban su voz en los músicos que, desde el pie de la pantalla, acompañaban en vivo cada escena. Esa tradición, casi desaparecida, vuelve a cobrar vida con Cineconcierto: La Flor de la Ribera, una propuesta que recupera una película muda argentina de 1931 y la resignifica a través de una banda sonora original compuesta e interpretada en vivo por Graciano 4 Cuarteto.

Rescatada y digitalizada por el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, La Flor de la Ribera vuelve a proyectarse casi un siglo después de su estreno. Lejos de buscar una reconstrucción arqueológica, el proyecto propone un diálogo entre el patrimonio audiovisual argentino y el tango contemporáneo: una nueva música para una historia que, sorprendentemente, sigue hablando de temas universales y vigentes.

En esta entrevista, Julián Graciano, compositor y guitarrista del cuarteto, y la productora Naïde Lancieaux reflexionan sobre el desafío de escribir música para imágenes nacidas en otra época, el trabajo de recuperación patrimonial junto al Museo del Cine y la importancia de volver a ofrecer al público una experiencia colectiva donde cine y música se encuentran, otra vez, en tiempo real.


Funciones
Domingo 12 de julio – 16:00 h
📍 Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken
🎟️ Entrada libre y gratuita.

Jueves 16 de julio – 21:00 h
📍 Centro Cultural de la Cooperación
🎟️ Reservas próximamente disponibles.

En ambas funciones, la proyección de La Flor de la Ribera será acompañada por la interpretación en vivo de Graciano 4 Cuarteto, e incluirá una presentación de la película y un intercambio con Julián Graciano y los músicos.


Cómo se compone una banda sonora para una película muda argentina

Componer una banda sonora original para una película que ya fue filmada —a diferencia de componer para un director que te va guiando en el proceso— invierte el orden habitual del trabajo. ¿Cómo fue ese proceso: viste la película muchas veces antes de escribir una nota, o fuiste componiendo escena por escena?

Julián Graciano: Bueno, componer sobre la imagen de algo que ya estaba establecido sin la dirección digamos del guionista, o en este caso del director, en cierta manera me dio más libertad, porque la última palabra digamos que la tenía el compositor al no poder intercambiar ideas con el con el director de la película.

Lo que el proceso que tuve que hacer fue mirarla, la miré una vez primero con el sonido que estaba digamos puesto de original, no original, pero que había puesto como un piano muy circense y medio que no me reflejaba lo que la película me transmitía, entonces volví a ponerla, le puse mute, la escuché, o sea la vi sin sin el audio y ahí empecé a entender un poquito de qué se trataba y hacia dónde apuntaba.

Y enseguida empecé a ver los los personajes que eran me parecían muy característicos y a mí me gusta trabajar con el sistema de leitmotivs, o sea que cada personaje tenga un motivo y la empecé a desplegar toda en papel; escribiendo en papel todas las ideas antes de hacer el proceso de sincronización con la imagen, pero sí terminé lo que es el orgánico de la obra de principio hasta final como para tener el concepto.

Para mí era muy importante la introducción y era muy importante tener el final y después los leitmotivs de cada uno de esos personajes.


La Flor de la Ribera es del ’31, pero tu música es tango contemporáneo con influencias de jazz. ¿Hubo alguna tentación de escribir algo más «de época», más cercano a lo que sonaba en 1931, y por qué la descartaron?

Julián Graciano: Bueno mira la verdad en ningún momento se me ocurrió recrear música de 1930, primero porque Naïde que fue la persona que me convocó para esto, ella quería la música del cuarteto, o sea eso fue la primera encomienda, o sea la música del cuarteto, entonces yo ahí tomé la libertad de poder usar técnicas de este siglo, o sea del siglo 21, no sólo utilizar lo que se usaba en esa época y me parece que el resultado final quedó más allá de la época, porque la temática de lo que es la película son temas que aborda que todavía aún son son actuales, vigentes, no es una temática muy de esa época del año 30.

Me parece que excede el periodo de el momento que suceden las escenas, va más allá de eso, sólo es la ambientación digamos de La Boca de ese momento que tampoco difiere mucho, no hay una gran diferencia con la actual La Boca y el tema de que es en blanco y negro y el movimiento de los actores que es más de una época muy marcada, pero en lo que es musicalmente creo que funciona muy bien una música de 100 años después con una instrumentación digamos tradicional al género, que son dos guitarras clásicas contrabajo y bandoneón, eso creo que también es el nexo quizás para que funcione una música compuesta con la estética que yo manejo, que es más cercana al siglo 21, con tango, jazz, un lenguaje de música clásica contemporánea y la imagen de una película que trata temas muy actuales.


Una película muda no tiene diálogos, pero sí tiene un ritmo interno: cortes, miradas, silencios largos. ¿Hay escenas de La Flor de la Ribera que te «dictaron» la música de un modo más literal, y otras donde tuviste más libertad de interpretación?

Julián Graciano: Sí, más allá de los leitmotiv que yo utilicé en la entrada digamos de cada personaje cuando entra digamos el novio y la novia y los villanos por decir de alguna manera de la película también hubo momentos que son más de música digamos más ambiental y que te llevan a la escena.

Te llevan al dramatismo, te llevan a la tensión, te llevan a momentos de espera, el uso del silencio, o sea la película es muda y para mí el uso del silencio absoluto en un o dos compases me parece que era fundamental para mantener también la atención, o sea el silencio es música, eso tenemos que tenerlo muy en cuenta, pero sí me parece que hubo momentos de clima de mucha intensidad que necesitaban más allá del hecho motívico y rítmico digamos del género tango milonga o vals necesitaban como un hecho de música incidental que va a estar que después fue el proceso más complejo que fue la sincronización digamos con la música en vivo, tocada, ejecutada.


¿Escuchaste o investigaste cómo sonaba realmente ese acompañamiento de la época —hay registros, testimonios, partituras que hayan sobrevivido— o es un terreno que se perdió casi por completo y hay que reinventarlo desde cero?

Naïde Lancieaux: Quiero aclarar que la intención fue crear un objeto audiovisual nuevo, y no tanto de apuntar a una reconstitución patrimonial. Conocía la música de Julián Graciano a través de su grupo el Graciano 4 Cuarteto.

Si bien este proyecto evoca al tango tradicional a través del formato del cuarteto donde predominan las guitarras, su música es original y tiene una impronta muy propia, que sabía iba a resonar muy bien con La Flor de la Ribera. Por lo tanto, el acercamiento no pasó tanto por la investigación que por la creación. Y mi intuición era justo: la propuesta musical de Julián me convenció de principio a fin desde el primer intento!.

Julián Graciano: La película no tenía sonido original, o sea nunca tuvo sonido original, pero respecto al tema del sonido del origen de la época, sí, sí, o sea mi calidad digamos de investigador de música de tango, siempre tuve bien claro lo que es la sonoridad de los años 30, donde hay un uso del romanticismo de la canción muy alta, entonces me parecía que muchos de los motivos tenían que tener esa idea de romanticismo, de tango romanza, sobre todo en el momento digamos donde aparece el concepto del amor entre sus dos protagonistas.

Después más allá de eso tomé ciertas libertades que no son de época cuando nos referimos a tango, bien, o sea a motivos tanguísticos. Ahí no me quedé solo en los años 30, fui un poquitito más adelante, me parecía que ameritaba eso y no quedarme solamente en un periodo, sino también tendría que haber cambiado la instrumentación y habría que haber agregado pianos o violines y no era tampoco, no era la idea de Naïde quien me convocó que yo haga una orquestación para orquesta típica por decir alguna manera.


¿Cómo se interpreta un cineconcierto? El desafío de tocar sincronizados con la película

A diferencia de una banda sonora grabada y fija, ustedes tocan en vivo cada función. ¿Eso significa que la interpretación cambia de una fecha a otra? ¿hay margen de improvisación?

Julián Graciano: Bueno, en el caso de esta música que yo compuse para cine, en este caso para película, es media hora de música, está todo, todo, todo completamente escrito y está totalmente sincronizado con la imagen.

Para tocarlo no va a haber margen para la improvisación porque no es la idea, la idea era composición tanguística, entonces lo que van a encontrar es la interpretación, puede cambiar la intensidad con la que uno lo haga, pero tenemos que respetar la sincronización, por eso trabajamos con metrónomo y con guías en el metrónomo, porque no puedo dirigirla al estar tocando, entonces lo más normal sería que el grupo esté tocando y alguien dirija y marque las entradas, entonces como eso no se podía hacer, el cuarteto lo que hizo, a diferencia de las presentaciones que nosotros hacemos como música instrumental, digamos de escenario, estamos atados digamos a la sincronización con el metrónomo y dentro del metrónomo está mi dirección con guías pregrabadas para que podamos ubicarnos en compases, en entradas, en intensidades, en dinámicas.


La recuperación de La Flor de la Ribera: patrimonio audiovisual y cine argentino

La película fue recuperada por el Museo del Cine de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cómo llegó La Flor de la Ribera a ustedes? ¿la buscaron específicamente, o surgió del diálogo con el Museo a partir de otro interés compartido?

Naïde Lancieaux:El primer reto de este proyecto fue efectivamente la búsqueda de la película. Esta tenía que responder a varios criterios, algunos prácticos y vinculados al formato del evento, y otros más relacionados al mismo contenido de la obra y a sus temáticas. En lo ideal tenía que ser una película muda argentina con una temática tanguera, o por menos que evoque algunos de los motivos característicos del tango canción: la desdicha amorosa, la ciudad y sus lugares, las figuras típicas de la narrativa tanguera. No podía ser una obra muy larga para que el trabajo de composición sea viable, pero tampoco podía ser un cortometraje.

Empecé consultando algunos de los materiales disponibles en el canal de YouTube del Museo del cine y en la página del proyecto de preservación “Nitrato Argentino”, pero todavía no daba con la película indicada.

Leí artículos sobre la presencia del tango en el cine argentino de la época y encontré algunos títulos de José Ferreyra que me llamaban mucho la atención, hasta que me di cuenta que mayor parte de estas obras están perdidas. Los largo o mediometrajes argentinos de ficción de esta época que sobrevivieron al paso del tiempo y que se pueden ver enteros son muy pocos.

El investigador Lucio Mafud me ayudó mucho en la búsqueda. Es autor de un libro titulado “La imagen ausente”, en el cuál realizó un catálogo del cine de ficción argentino entre los años 1914 y 1923. Me sugirió varias películas, entre las cuales La Flor de la Ribera.

Cuando la vi, fue evidente que cumplía con todas la características que buscábamos para este proyecto de musicalización, además de contar una historia con mucha sensibilidad y de abordar temáticas sorprendentes para la época. Nos pusimos en contacto con el Museo del Cine, y por suerte se mostraron interesados por la iniciativa.


¿En qué estado llegó el material recuperado? ¿Hubo faltantes, tramos perdidos, decisiones que hubo que tomar sobre qué mostrar y qué no del film restaurado?

Naïde Lancieaux: En realidad, quién podría responder mejor esta pregunta es Andrés Levinson, el archivista que supervisa el proyecto de restauración del film. La Flor de la Ribera fue grabada sobre material reversible, lo que significa que cuando se revela el negativo, queda una sola copia del film.

Por lo tanto, este rescate del Museo es bastante único : existe una sola copia y la película no fue proyectada desde su estreno en los años 1930. El archivo digital que se va a proyectar en este estreno es el producto de la digitalización que llevó a cabo el Museo. Un proyecto de restauración más profunda está en curso, pero todavía falta para que salga a la luz esta nueva versión. Esperamos hacer un reestreno más adelante con la copia restaurada.


Trabajar con una institución como el Museo del Cine implica ciertos compromisos de preservación y de uso. ¿Qué responsabilidades asumieron ustedes como productores frente a ese patrimonio, hay, por ejemplo, un registro de esta nueva versión con música que quede documentado para el propio Museo?

Naïde Lancieaux: Por un lado, siempre se respetó la copia digitalizada por el Museo y Julián Graciano trabajó a partir de este archivo, sin que se haga ningún cambio.

Se planteó desde el inicio del proyecto organizar una función gratuita en el auditorio del Museo, función que se va a llevar a cabo el 12 de julio.

Si bien el apoyo económico brindado por el programa Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires abarca todo el proceso de composición, de difusión del proyecto y cubre algunas funciones, no contempla un trabajo de grabación profesional de la música. La idea era que fuera primero un espectáculo antes de convertirse en material grabado. Sin embargo, es un proyecto que tenemos a mediano plazo para seguir aprovechando plenamente el trabajo compositivo que hizo Julián.


Por qué el cine mudo con música en vivo sigue emocionando al público actual

Mucha gente verá por primera vez una película muda argentina. ¿Qué creen que puede sorprender más al espectador?

¿qué les gustaría que el público se lleve? ¿una emoción, una idea sobre el tango, una reflexión sobre el patrimonio audiovisual argentino, o simplemente el recuerdo de haber compartido una experiencia colectiva que ya casi no existe?

Naïde Lancieaux: Mi primera idea es acercar al cine mudo un público que cada vez está menos acostumbrado a ver imágenes de esta antigüedad.

La música que compuso Julián resalta muchísimo los rasgos que llaman la atención en la película : la oscuridad y la dureza de este entorno de la Boca que también tiene su belleza y su poesía. La Flor de la Ribera es una suerte de tragedia porteña en media hora, y la atmósfera sonora que logró el cuarteto ayuda al espectador a sumergirse en el drama íntimo de los tres personajes centrales.

Sin duda el público se llevará estas impresiones. Me gusta la idea de crear puentes: que el cinéfilo se acerque al tango de hoy, y que los tangueros y las tangueras vivan un momento de cine.

Julián Graciano: Yo creo que la gente lo que se va a llevar primero es una sorpresa de ver la contemporaneidad de lo que pasaba en 1930 a lo que pasa hoy casi 100 años después. No son temáticas de una época, creo que son temáticas de la humanidad. Y respecto a la música me parece que los va a conectar con el Buenos Aires de hoy, o sea tiene el sonido de Buenos Aires, pero los va a acercar a una sonoridad muy de este momento.

No lo digo en el sentido de la instrumentación, que es una instrumentación también lo mismo atemporal, ya en el tango la guitarra es el centro neurálgico, lo mismo que el bandoneón y el refuerzo del contrabajo, pero me parece que los va a asombrar lo que es la época en que fue filmado, la temática que trata, que es rompe con los moldes de lo que se vio en cine, y me parece que la música les va a dar ese vértigo, ese dinamismo y diría que hasta una cuestión de excitación al espectador a ver qué es lo que está pasando y ver cómo se desenlaza.

La música en este caso va a acompañar a la imagen, esa fue mi idea principal, o sea que el espectador se lleve en la idea de la película y le queden grabados ciertos motivos, esa es mi función como compositor, que el motivo esté por arriba de la ejecución y que acompaña la imagen, o sea para mí viene imagen, motivos y ejecución.

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